PREMIO MAX 2026
Mejor espectáculo musical o lírico
HACIA ECOS DE LO SAGRADO
Dramaturgia de Ana Zamora.
Nao d´amores, en una producción de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal
Hacia ecos de lo sagrado es un espectáculo concebido para las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María la Real de Valdeiglesias, en Pelayos de la Presa (Madrid). Una experiencia escénica que se constituye en testimonio vivo del patrimonio filosófico, literario, litúrgico, musical y escénico de tiempos pretéritos.
El punto de partida para este proyecto de creación, ha sido el sentido del oído, y en particular la música y la palabra, en relación con el espacio físico para el que fueron creadas. Para ello, se ha cartografiado la sonoridad del monasterio a partir de la liturgia y la vida cotidiana en todos sus posibles registros perceptivos: desde la palabra y el canto en la iglesia, a la voz en el capítulo o el refectorio, las diferentes campanas y sus toques, la salmodia en las procesiones, el agua en la fuente del lavabo, los pasos por el claustro…
Sin embargo, la percepción es experiencia y, por lo tanto, es única: la reproducción del sonido en un espacio con la mayor fidelidad histórica que pudiéramos, no nos iba a devolver su percepción en la época. Por tanto no nos interesan los espectadores del pasado, sino los de hoy, y las sensaciones, emociones, y hasta cuestionamientos intelectuales que en ellos se pueden generar en su encuentro en un espacio arquitectónico patrimonial, que se transforma en escenográfico, a través de los sonidos del pasado.

Foto Enrique del Barrio
- SONIDOS GRABADOS EN PIEDRA: ESCUCHAR EL MEDIEVO
Los sonidos han jugado un papel fundamental en la identidad cultural de la humanidad. Desde que tenemos conocimiento, las diferentes civilizaciones han creado sus propios códigos sociales utilizando el sonido como elemento de comunicación y de cohesión cultural. Como ejemplo destacado, el sonido ha tenido un papel importantísimo en las manifestaciones religiosas, subrayando el carácter místico de las ceremonias y disponiendo a sus asistentes en un estado mental propicio para participar en la liturgia.
Acercarse a los orígenes de lo teatral a través del sentido del oído, supone adentrarse en la naturaleza expresiva del rito, para abordar su estudio y posterior puesta en escena desde un concepto amplio de teatralidad. No podemos olvidar que la producción intelectual y artística del medievo estuvo dominada por el pensamiento religioso, tanto en literatura como en música. Las oraciones, rezos, plegarias, cantos, lecturas o sermones celebran una creencia teológica, pero también se hacen eco de los movimientos sociales de cada momento. Son caminos que se entrelazan y generan espacios de trabajo en los que lo sensorial y lo conceptual deben ir de la mano, como referentes de partida para crear espectáculos pensados desde el presente, para gente de hoy.

Foto Enrique del Barrio
De manera, intencionada o casual, consciente o inconsciente, cada grupo social ha definido su propia arquitectura para imprimir a los sonidos el carácter que sus necesidades sociales, culturales o religiosas demandan. Esto confiere a los edificios históricos una dimensión adicional en su papel de objetos culturales. Además de los aspectos arqueológicos, arquitectónicos o artísticos de los edificios, su comportamiento sonoro también es importante para entender a las sociedades que los han creado.
El estudio de los espacios sonoros históricos es un tema historiográficamente cercano y de creciente actualidad. Las aproximaciones que hasta la fecha se han realizado, han estado marcadas por la falta de interacción entre los estudiosos del sonido en el espacio, los de la historia del arte y aquellos que, a día de hoy, trabajamos la puesta en escena de materiales artísticos que fueron originalmente creados para ser representados en esos espacios.
Estas son las razones que nos han llevado a plantearnos la necesidad de elegir un núcleo temático, en el que, a lo largo de todo el año 2025, trabajen interdisciplinarmente historiadores del arte, musicólogos, filólogos y artistas escénicos.
Este proyecto interdisciplinar subsana la ausencia de comunicación entre ámbitos de estudio hasta ahora distantes y, sobre todo, favorece las sinergias entre disciplinas científicas y de humanidades con un objetivo común de trabajo artístico.
Nuestro objetivo para el 2025: aprender, a través del teatro, a leer los sonidos grabados en piedra para ser capaces de escuchar el medievo, y poder resignificarlo desde una perspectiva contemporánea.

Foto Enrique del Barrio
- EL ESPECTÁCULO: HACIA ECOS DE LO SAGRADO.
El proyecto de nueva creación para 2025, es un espectáculo que, siendo concebido originalmente para las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María la Real de Valdeiglesias en Pelayos de la Presa (Madrid), se constituye en testimonio vivo del patrimonio filosófico, literario, litúrgico, musical y escénico de tiempos pretéritos.
Como hemos venido estudiando a lo largo de este año, nuestra comprensión de la obra artística no compete exclusivamente a la vista. El punto de partida para este proyecto de creación ha sido el sentido del oído, y en particular la música y la palabra, en relación con el espacio físico para el que fueron creadas.
Desde esa perspectiva, nuestra propuesta escénica supone un viaje en el tiempo, que parte de un estudio genérico del monasterio, sabiendo que se disgrega en distintos escenarios en los que existió un sistema sónico que integra desde la palabra y el canto en la iglesia, a la voz en el capítulo o el refectorio, las diferentes campanas y sus toques, la salmodia en las procesiones, el agua en la fuente del lavabo, los pasos por el claustro…
Nos encontramos ante un proyecto de finalidad puramente artística, pero con un fuerte componente de coherencia documental en su proceso de construcción, que parte de una aproximación crítica a la acústica en los monasterios del Císter. Sin embargo, la percepción es experiencia y, por lo tanto, es única: la reproducción del sonido en un espacio con la mayor fidelidad histórica que podamos, no nos va a devolver su percepción en la época. La experiencia histórica de los sentidos y las emociones no puede ir más allá de un simple marco especulativo. Teorizamos sobre algo que nos es imposible experimentar como seres humanos de otro tiempo.
Y ahí entronca nuestro proyecto con el presente: no nos interesan los espectadores del pasado, sino los de hoy, y las sensaciones, emociones, y hasta cuestionamientos intelectuales que en ellos se pueden generar en su encuentro en un espacio arquitectónico patrimonial, que se transforma en escenográfico, a través de los sonidos del pasado.

Foto Enrique del Barrio
- AMOR IPSE INTELLECTUS EST [1]
El contexto geográfico, intelectual e histórico en que nace Nao d´amores, nos orienta a interpretar el mundo a través del patrimonio histórico que nos rodea, como conjunto de bienes culturales que constituyen nuestro pasado, identidad y singularidad. Así, desde el ámbito de las artes escénicas, dedicamos nuestros desvelos a reivindicar el sentido del patrimonio cultural como un derecho, como una propiedad compartida imprescindible para el reconocimiento del propio individuo, que llega a toda la sociedad a través del verdadero acto de comunión que constituye el hecho teatral.
En esta ocasión, partir del mundo del sonido en la orden del Císter, y en particular en el estudio del Monasterio de Pelayos de la Presa, nos permite no solo aprovechar la belleza del entorno monumental como escenografía privilegiada para una representación teatral, sino también rescatar de sus muros todo aquello que se relaciona con la finalidad litúrgica y paralitúrgica que se vincula, a través de la idea del rito, con los orígenes de la teatralidad.
Es nuestra manera de recuperar el sentido del teatro como necesidad, como expresión artística ancestral que nace ligada a la religiosidad, y por tanto al anhelo de trascendencia del ser humano. En este sentido, Hacia ecos de lo sagrado es un acto de amor, un ritual que invita al espectador a escapar de su realidad cotidiana individual, para participar en un acto colectivo de conocimiento, o reconocimiento.
Después de muchos meses de estudio y revisión de las fuentes documentales, ha llegado el complicado momento de despegarse de aquello que es propiedad de la ciencia, y no de la poesía. Comienza así un viaje escénico concebido con toda la libertad, y sin ninguna intención arqueológica, en torno a referentes de la Plena Edad Media (s XI- XIII), época de grandes intentos de renovación monástica.

Foto Enrique del Barrio
Es en este contexto donde apareció la mística cristiana, que alcanzará su apogeo siglos después. Bajo el liderazgo de Bernardo de Claraval, los cistercienses se entregan a una piedad afectiva hacia los misterios más humanos, y de esta manera, son capaces de transformar las manifestaciones eróticas literarias del amor cortés, en desbordante amor místico
hacia la Virgen y Cristo. No deja de ser llamativa la contemporaneidad de este planteamiento filosófico, que nos lleva a descubrir cómo el verdadero anhelo de transcendencia, en la vida y en el arte, se puede canalizar a través de una espiritualidad que indaga en lo puramente humano.
Se ha dicho que existe un hu
manismo cisterciense, fundado en un socratismo monástico, que estaría inspirado en el conócete a ti mismo, y que daría sentido a las relaciones de los individuos entre sí, formando una comunidad. La espiritualidad del Císter, exige ascesis y paz interior, en una vida ritualizada, regida bajo reglas muy precisas, acompañada de gestos rituales, canto, y cuando la palabra está permitida, por frases rituales.
En nuestra búsqueda conceptual de referentes escénicos que nos ayuden a acotar una relación entre la reforma monástica cisterciense y nuestra contemporaneidad, más allá de las evidentes similitudes con aspectos tan de moda en estos tiempos de resurrección o reinvención de la mística, hemos viajado a la reforma escénica y al renacimiento del teatro ritual de los años 60.
La vanguardia teatral de Jerzy Grotowski en la Polonia de la época, supuso, de alguna manera, una auténtica revolución espiritual en la Europa escénica de su tiempo, en la que podemos encontrar ciertas analogías con diferentes aspectos de la reforma cisterciense.
El Teatro Pobre de Grotowski se despoja de todo elemento superfluo, porque se concentra en la esencia del arte teatral, pero es también ascético porque busca una nueva moralidad, un nuevo código de artista. De esta manera, al mismo tiempo, desafía una concepción burguesa de un estándar de vida, proponiendo la sustitución de una riqueza material por la riqueza moral. Sin ser creyente, habla de la santidad del actor. El intérprete no exhibe su cuerpo ante el auditorio, simplemente, trabajando desde el verdadero amor, lo aniquila, lo quema, lo libera de cualquier resistencia que entorpezca los impulsos expresivos, de manera que no vende su cuerpo, sino que lo sacrifica. ¡Pura mística monástica!
Para nosotros, como lo fue para Grotowski, el teatro no es un escape, es un camino para descubrir la vida. Un viaje que hay que hacer con intensidad, honestidad y precisión en el trabajo, para conocernos a nosotros mismos, y llegar a entendernos como artistas en confrontación con la sociedad que nos ha tocado vivir. Trabajar desde el presente sobre tradición y religión, supone desprenderse de prejuicios para enfrentarse con unos valores fascinantes, que también generan cierto desasosiego interior. Hay que trascenderlos, confrontarlos con la propia experiencia, que a su vez está determinada por la experiencia colectiva de nuestro tiempo.
Esto es lo que hemos intentado hacer a través de Hacia ecos de lo sagrado: un ejercicio escénico, que reinventa las voces de los ancestros, que nos llegan, grabadas en piedra, desde las fuentes de nuestra propia cultura.
Ana Zamora
4. Las músicas de “Hacia ecos de lo sagrado”
El viaje iniciático de Bernardo Claraval guiado por la Virgen, se constituye en este espectáculo, en un tránsito musical por la celebración del Triduo Pascual en un monasterio cisterciense. Lejos de cualquier reconstrucción arqueológica, la propuesta busca sumergirnos en la sensibilidad espiritual y estética de esta orden en uno de los momentos más importantes del calendario cristiano.
La música, seleccionada, compuesta e intervenida específicamente para esta producción, se inspira en las prácticas litúrgicas y repertorios propios del Císter. Hemos incluido himnos, antífonas y responsorios extraídos de fuentes como el Himnario, Antifonario y Gradual de Westmalle, el Procesional de París, el Antifonario Medici o el Códice Las Huelgas, este último estrechamente vinculado a la vida monástica femenina en Castilla. Una característica especialmente interesante de muchas antífonas es el uso del estilo directo en sus textos: Cristo, María y otros personajes bíblicos hablan en primera persona, o bien se les otorga la palabra desde la voz del narrador.
En varios momentos aparecen contrafacta: composiciones originales que reutilizan melodías medievales conocidas, dotándolas de nuevos textos litúrgicos o poéticos, con el fin de ampliar su capacidad simbólica. Este procedimiento, habitual en la Edad Media, cobra aquí el sentido del diálogo entre tradición y creación contemporánea. En uno de ellos, se ha puesto la música del himno O redemptor —asociado a la liturgia del Jueves Santo— al servicio de la Rhythmica oratio del poeta cisterciense Arnoul de Louvain, un texto devocional que fue utilizado por D. Buxtehude en su célebre ciclo Membra Jesu nostri. Asimismo, la cantiga ¡Eya, velar!, presente en El duelo de la Virgen de G. de Berceo, se interpreta aquí sobre una cantinela tradicional del salmo hebreo 118, en alusión a los custodios judíos del sepulcro.
Uno de los núcleos temáticos de la obra es la figura de María como madre nutricia, inspirado en una iconografía poco conocida: la Lactatio Bernardi. Esta imagen, mística y corporal, encuentra resonancia en los textos y músicas que exaltan la encarnación y la promesa de vida nueva. El conductus Ave virgo virginum del Antifonario Medici canta a la Virgen que destila leche y miel; en el motete Flavit auster, procedente del Códice Las Huelgas, se exalta el pecho de María como alimento de Dios; y en la Cantiga de Santa María nº 54, el milagro mariano se expresa con total claridad: la Virgen ofrece su leche como signo de su poder sanador.
En su conjunto, el espectáculo propone una experiencia de recogimiento, belleza y reflexión, en la que el lenguaje del teatro y el de la música sacra se funden para abrir una ventana a la espiritualidad católica medieval, con ecos que aún resuenan en el presente.
María Saturno

Foto Enrique del Barrio
5. LA ORDEN DEL CÍSTER
La orden cisterciense (Ordo Cisterciensis, O.Cist.), igualmente conocida como orden del Císter o incluso como Santa orden del Císter (Sacer Ordo Cisterciensis, S.O.C.), es una orden monástica católica reformada. Tienen como regla la de San Benito, la cual aspiran seguir en forma estricta. Nacieron en 1098 como una reacción de la relajación que consideraban que tenía la Orden benedictina de Cluny (de 910), queriendo volver al espíritu original de la Orden de San Benito (de 529). La nueva orden se basa en los principios de abandonar todo signo externo de riqueza y en el propio trabajo para conseguir su subsistencia, será el famoso ora et labora que distinguirá a los monjes del Císter. Su origen se remonta a la fundación de la Abadía de Citeaux por Roberto de Molesmes.
La sede central de la Orden del Císter se encuentra ubicada donde se originó la antigua localidad romana Cistercium, próxima a Dijon, en la comuna de Saint-Nicolas-lès-Cîteaux, del departamento de Côte-d'Or de la región de la Borgoña (Francia). Esta abadía fue llamada Novum Monasterium por Roberto de Molesmes para diferenciarla del monasterio de Molesmes, de donde procedía. La orden cisterciense desempeñó un papel protagonista en la historia religiosa del siglo XII.
Como restauración de la regla benedictina inspirada en la reforma gregoriana, la orden cisterciense promueve el ascetismo, el rigor litúrgico dando importancia al trabajo manual. Además de la función social que ocupó hasta la Revolución Francesa, la orden ejerció una influencia importante en los ámbitos intelectual o económico, así como en el ámbito de las artes y de la espiritualidad.
Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval (1090-1153), hombre de una personalidad y de un carisma excepcionales. Su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cisterciense más importante del siglo XII, pues, aun no siendo el fundador, sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la orden.
A pesar de que existe polémica entre los especialistas sobre cuál es el primer monasterio cisterciense de la Península Ibérica, parece que el primer asentamiento de los monjes pudo ser en 1140 en el monasterio de Fitero en Navarra, entonces perteneciente a la corona de Castilla, donde reinaba Alfonso VII el Emperador, aunque otros autores consideran a los monasterios de Sobrado dos Monxes o Moreruela anteriores.
Alfonso VIII fundará el monasterio de las Huelgas Reales, y conseguirá que sea la casa madre de todos los monasterios femeninos de Castilla.
Ramón Berenguer IV conde de Barcelona, donó las tierras de Poblet para el primer asentamiento en terrenos de la corona de Aragón. La mayoría de las fundaciones en la Península se realizan en la segunda mitad del siglo XII, siendo además estas las que tendrán más éxito.
6. EL CÍSTER EN MADRID: EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE VALDEIGLESIAS, EN PELAYOS DE LA PRESA (MADRID)[2]
El Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias en Pelayos de la Presa es la más importante fundación monacal de la Orden Cisterciense que se conserva en la Comunidad de Madrid.
Los orígenes del monasterio parecen remontarse a época mozárabe, cuando existían distintos eremitorios dispersos por el valle, entre los que destacaba uno dedicado a la Santa Cruz. Un documento fechado en Toledo en 1150 señala que el rey Alfonso VII donó el valle al abad Guillermo y sus monjes para que unificara varios eremitorios preexistentes y fundara un monasterio acogido a la Orden de San Benito. Posteriormente se afilió a la Orden del Císter y, con ese propósito, en 1177, el rey Alfonso VIII hizo venir para hacerse cargo de él a monjes del monasterio vallisoletano de La Espina. Estos datos históricos, y otros posteriores, proceden de la recopilación realizada por un monje en el Tumbo de Valdeiglesias de 1644.

Foto Ana Yñáñez
Es lícito pensar que la construcción del templo debió iniciarse al poco tiempo, hacia 1180. La sobriedad es característica fundamental de toda la construcción, con total austeridad en lo decorativo. Todo ello es propio de la arquitectura cisterciense de finales del siglo XII y principios del XIII, aún fuertemente vinculada al románico, pero incluyendo elementos propios del protogótico.
a lo largo del tiempo. El actual conjunto monástico es el resultado de numerosas obras y transformaciones que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo, desde su fundación en el siglo XII hasta el XVIII.
El declive del monasterio se inició en este último siglo debido a diversas causas, como la reducción de la comunidad de monjes y el importante incendio producido en 1743 que afectó a numerosas dependencias. Ya en el siglo XIX, sufrió el saqueo de las tropas napoleónicas y después, a partir de 1836, las consecuencias de las políticas desamortizadoras, con la consiguiente pérdida de bienes y el deterioro del edificio. En 1884 fue subastado por el Estado sucediéndose, a partir de entonces, diferentes propietarios hasta su adquisición en 1974 por el arquitecto Don Mariano García Benito, que inició la labor de recuperación y restauración.
En el año 2004 fue donado por su propietario al municipio de Pelayos de la Presa, gestionado por la Fundación Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias. A partir de este momento, la Comunidad de Madrid, consciente del valor histórico y artístico de este monumento, declarado Monumento Histórico Artístico en 1967 y refrendado posteriormente por R.D. de 23 de noviembre de 1983 como Monumento Histórico Artístico de Carácter Nacional, comenzó el proceso de recuperación del monasterio.
Mucho más tardío, ya barroco, es el monasterio cisterciense de las Bernardas de Alcalá de Henares, fundado en 1613 y comenzado a construir en 1617, siguiendo los deseos de su fundador, el cardenal y arzobispo de Toledo Bernardo Sandoval y Rojas, declarado monumento arquitectónico-artístico en 1924, y que ha sido recientemente rehabilitado.
[1] El amor es, en sí mismo, principio del conocimiento (Guillermo de Saint Thierry)
[2] Extraído del libro: MOMPLET MÍGUEZ, A y MORENO MARTÍN F.J, Camino de Perfección. Conventos y Monasterios de la Comunidad de Madrid
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Los textos en castellano que configuran la dramaturgia, proceden de diversas obras de Gonzalo de Berceo: Del sacrificio de la misa, El duelo de la Virgen, Himnos, Loores de Nuestra Señora, Los milagros de Nuestra Señora, Los signos del Juicio Final.
Las músicas, en su mayoría de procedencia cisterciense, han sido tomadas de fuentes muy diversas, entre ellas: Monasterio de Poblet, Códex “Las Huelgas” (en edición de J.C. Asensio), Himnario de Westmalle, Procesional cisterciense de París, Cantigas de Sta. María (en edición de H. Anglés), Abadía de Salzinnes, Misal cisterciense de la Biblioteca Mun. Coimbra…
Traducción de dos versos del Magníficat al arameo: Jesús Luzárraga
Dramaturgia y dirección Intérpretes Asesor de voz, palabra y verso Asesoría, arreglos y dirección musical Vestuario Espacio escénico, y trabajo de objetos Iluminación Asesor de movimiento y coreografía Asesor de historia del arte y liturgia Asesor de literatura | Ayudante de dirección Ayudante de vestuario Ayudante de producción y escenografía Realización de escenografía Realización de vestuario Realización de utilería Técnico maquinista Dirección técnica y técnico de iluminación Diseño Cartel Prensa Producción ejecutiva Duración: 1 hora |
Nao d´amores, en una producción de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal
Colaboran: Ayto. de Pelayos de la Presa y la Fundación Monasterio de Sta. María la Real de Valdeiglesias

AGRADECIMIENTOS: Juan Carlos Asensio, Alberto Cebolla, Diego Corral Varela, Grupo SEMA, Roberto Fernández Díaz, Miguel Yuste, Caminos del Románico.
Los textos en castellano que configuran la dramaturgia, proceden de diversas obras de Gonzalo de Berceo: Del sacrificio de la misa, El duelo de la Virgen, Himnos, Loores de Nuestra Señora, Los milagros de Nuestra Señora, Los signos del Juicio Final.
Las músicas, en su mayoría de procedencia cisterciense, han sido tomadas de fuentes muy diversas, entre ellas: Monasterio de Poblet, Códex “Las Huelgas” (en edición de J.C. Asensio), Himnario de Westmalle, Procesional cisterciense de París, Cantigas de Sta. María (en edición de H. Anglés), Abadía de Salzinnes, Misal cisterciense de la Biblioteca Mun. Coimbra…
Traducción de dos versos del Magníficat al arameo: Jesús Luzárraga
PREMIO MAX 2026
Mejor espectáculo lírico o musical
LA PRENSA HA DICHO SOBRE HACIA ECOS DE LO SAGRADO...
ELPERIÓDICO DE ESPAÑA: “Nao d’amores viaja al universo sonoro de la Edad Media y la Orden del Císter para buscar los orígenes del teatro”
Marta García Miranda. 11/07/2025
“Setenta espectadores asisten a lo más parecido a una trasposición de alma y espíritu, de la piedra a la carne. El tiempo se detendrá en esta pieza que indaga en el paisaje espiritual y sonoro de aquella revolución monástica que supuso la Orden del Císter en la Edad Media para buscar, en el fondo, los orígenes de un teatro concebido como expresión artística ancestral ligada a la religiosidad y al anhelo de trascendencia del ser humano. Y todo eso, en un monasterio en ruinas, de noche y con luna llena. Casi nada.
Alejado del efectismo y la grandilocuencia, el de Nao d’amores es un teatro delicado, poético, profundo y artesanal que lleva 25 años defendiendo la escena como encuentro y comunidad a partir de la recuperación del patrimonio medieval, renacentista y prebarroco. Y aunque su territorio es el del teatro clásico, con esta nueva pieza la compañía de Ana Zamora se coloca en ese lugar que ocupan creadores de la escena contemporánea como Cabosanroque, Nilo Gallego, Edurne Rubio, Fran MM, Cabeza de Vaca o El Conde de Torrefiel, que conceden a lo sonoro una enorme presencia en sus creaciones”
EL PAIS: “Nao d'amores lleva su teatro a las ruinas de un monasterio”
Rodrigo Naredo. 12/07/2025
“Las cigarras no son actores pagados, pero podrían. Su canto recibe a un limitado grupo de espectadores a las puertas del monasterio. Al estridente sonido de los insectos, que parecen callar cuando el espectáculo nocturno empieza, le seguirán el de los cantos en latín, pasos, flautas, percusiones, la fidula o la zanfona, y el de las voces de ocho intérpretes que, en un castellano medieval, guiarán una función itinerante por las entradas de piedra de la construcción milenaria. El conjunto goza de una terrenidad refrescante. La obra transita con humor y cercanía gracias al trabajo sentido y también preciso de actores, cantantes y músicos.
Hacia ecos de lo sagrado, es todo lo que se espera de la compañía que dirige Ana Zamora, coherente con la manera que han tenido siempre de entender el teatro”
HUFFINGTONPOST: 'Hacia ecos de lo sagrado', hagamos una prosa
Antonio Hernández Nieto. 13/07/2025
“La obra propone más de un viaje. Porque, por un lado, pide al público que se desplace a un lugar poco convencional para ver una propuesta teatral. Pero por otro, también implica el desplazarse en el tiempo. A esas épocas de representación musical, popular y medieval, representaciones litúrgicas, que se hacían en los monasterios.
El objetivo, no es la palabra en sí misma, sino lo que su musicalidad, su materia sonora, provoca en quien la oye. Ya que este es ante todo un espectáculo musical. Música de una belleza brutal interpretada por instrumentos también bellísimos. Todo ello sucede en espacios medievales en ruinas, reimaginados por románticos.
Parece algo antiguo y anacrónico, pero a la vez, la recuperación de estas representaciones tan ingenuas y primitivas junto a la bella reiteración musical adquiere, también, más contemporaneidad de la que se piensa. Esa que pide la recuperación del espíritu, de un alma que, sin pertenecer a religión o dios alguno, muchos artistas consideran como perdida. Un alma que vuelva a reunirnos, en el común de lo que somos y no en la diferencia de los fuimos. Una reunión, de religar y de religión y de celebración, alrededor de historias como esta que nos contamos y cantamos litúrgicamente, bajo una bella luna llena de julio. Donde el tiempo natural se mezcla y continúa sin complejos con el tiempo del artificio”
EFE- Agencia de Noticias: Teatro y talento sobre las piedras del Císter
Amalia González Manjavacas. 18/07/2025
“Toda una valiente apuesta, y estéticamente: impecable. Deleitarse una calurosa noche de verano bajo las voces solemnes y los ceremoniosos pasos de ocho actores. Cual ritual iniciático guían al espectador en un itinerario escénico entre piedras y tierra, ruinas del Císter, que nos muestran aquel pasado de bóvedas y arquerías de ojivas góticas, mientras la voz de Gonzalo Berceo nos envuelve con sus cánticos y tañer de sonidos por estancias abandonadas... está al alcance de todos. Una fascinación por viajar a territorios poco conocidos. Una original puesta en escena, innovadora creación escénica y musical que invita al público a una experiencia artística completa, para todos los sentidos”
EL ADELANTADO DE SEGOVIA: De la piedra a la carne. De lo íntimo compartido
Maite Hernangómez. 19/07/2025
“Hacia ecos de lo sagrado es un hecho escénico, singular y contemporáneo, en que las piedras de un monasterio se convierten en carne viva. Como si de un sortilegio se tratara, los espectadores fuimos envueltos y amparados desde principio a fin en un viaje ritual. Atravesamos una brecha en el tiempo abierta para nosotros gracias a una composición dramatúrgica que funciona a la perfección y nos atrapa. Hay una unidad perfecta entre el espacio y sus espacios, los textos de Gonzalo de Berceo, los cantos litúrgicos, la música, los colores de los trajes de los actores que son de una sencillez y desnudez absoluta, los objetos y elementos escénicos que se transforman a través del juego de los actores, en la filosofía y los aspectos teológicos del Cister, en su especialísima devoción a la Virgen.
Y lo vivimos como si estuviéramos ensoñando. En un tiempo en el que nuestras vidas están saturadas de tanta pantalla, artificio, ruido y barullo, cosas innecesarias y artificiales, bobadas, gritos y confrontación, un arte escénico que proponga silencio y contemplación es una necesidad. Un acierto.
Ana Zamora tiene el don de activar tiempos pretéritos, trayéndonos al presente lo inmensamente vivo, atemporal y eterno: El aroma de un conocimiento que nos indica el camino de lo que significa ser humano, que quizá no sea ni más ni menos que saber vivir en comunidad, los unos junto a los otros, entendiendo que el otro es también uno. Esa hermandad es una forma de vivir, de entender el mundo, de resolver los conflictos”
No soy como piensas (blogteatral): Una experiencia sensorial
Sergio Hernández. 19/07/2025
“Una experiencia sensorial en la que música y palabra se combinan con el entorno del monasterio para llevar al espectador a un viaje hacia el pasado.
La palabra, con base en diversos textos de Berceo, viene acompañada de música mayoritariamente cisterciense, interpretada en directo, con voz y toda suerte de instrumentos de época. Solamente por asistir al «concierto», conocer todos estos instrumentos distribuidos por el monasterio y escuchar las armonías de sus intérpretes, ya habría merecido la pena asistir al espectáculo. Texto y puesta en escena alcanzan una fusión virtuosa que, verdaderamente, nos permite a los espectadores contemplar la obra con una inmersión pocas veces alcanzada.
Un espectáculo brillante y cautivador en el que todos sus componentes, dentro y fuera de escena, realizan un trabajo muy meritorio”
INTRODUCCIÓN
Hacia ecos de lo sagrado es un espectáculo concebido para las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María la Real de Valdeiglesias, en Pelayos de la Presa (Madrid). Una experiencia escénica que se constituye en testimonio vivo del patrimonio filosófico, literario, litúrgico, musical y escénico de tiempos pretéritos.
El punto de partida para este proyecto de creación, ha sido el sentido del oído, y en particular la música y la palabra, en relación con el espacio físico para el que fueron creadas. Para ello, se ha cartografiado la sonoridad del monasterio a partir de la liturgia y la vida cotidiana en todos sus posibles registros perceptivos: desde la palabra y el canto en la iglesia, a la voz en el capítulo o el refectorio, las diferentes campanas y sus toques, la salmodia en las procesiones, el agua en la fuente del lavabo, los pasos por el claustro…
Sin embargo, la percepción es experiencia y, por lo tanto, es única: la reproducción del sonido en un espacio con la mayor fidelidad histórica que pudiéramos, no nos iba a devolver su percepción en la época. Por tanto no nos interesan los espectadores del pasado, sino los de hoy, y las sensaciones, emociones, y hasta cuestionamientos intelectuales que en ellos se pueden generar en su encuentro en un espacio arquitectónico patrimonial, que se transforma en escenográfico, a través de los sonidos del pasado.

Foto Enrique del Barrio
DOSSIER
- SONIDOS GRABADOS EN PIEDRA: ESCUCHAR EL MEDIEVO
Los sonidos han jugado un papel fundamental en la identidad cultural de la humanidad. Desde que tenemos conocimiento, las diferentes civilizaciones han creado sus propios códigos sociales utilizando el sonido como elemento de comunicación y de cohesión cultural. Como ejemplo destacado, el sonido ha tenido un papel importantísimo en las manifestaciones religiosas, subrayando el carácter místico de las ceremonias y disponiendo a sus asistentes en un estado mental propicio para participar en la liturgia.
Acercarse a los orígenes de lo teatral a través del sentido del oído, supone adentrarse en la naturaleza expresiva del rito, para abordar su estudio y posterior puesta en escena desde un concepto amplio de teatralidad. No podemos olvidar que la producción intelectual y artística del medievo estuvo dominada por el pensamiento religioso, tanto en literatura como en música. Las oraciones, rezos, plegarias, cantos, lecturas o sermones celebran una creencia teológica, pero también se hacen eco de los movimientos sociales de cada momento. Son caminos que se entrelazan y generan espacios de trabajo en los que lo sensorial y lo conceptual deben ir de la mano, como referentes de partida para crear espectáculos pensados desde el presente, para gente de hoy.

Foto Enrique del Barrio
De manera, intencionada o casual, consciente o inconsciente, cada grupo social ha definido su propia arquitectura para imprimir a los sonidos el carácter que sus necesidades sociales, culturales o religiosas demandan. Esto confiere a los edificios históricos una dimensión adicional en su papel de objetos culturales. Además de los aspectos arqueológicos, arquitectónicos o artísticos de los edificios, su comportamiento sonoro también es importante para entender a las sociedades que los han creado.
El estudio de los espacios sonoros históricos es un tema historiográficamente cercano y de creciente actualidad. Las aproximaciones que hasta la fecha se han realizado, han estado marcadas por la falta de interacción entre los estudiosos del sonido en el espacio, los de la historia del arte y aquellos que, a día de hoy, trabajamos la puesta en escena de materiales artísticos que fueron originalmente creados para ser representados en esos espacios.
Estas son las razones que nos han llevado a plantearnos la necesidad de elegir un núcleo temático, en el que, a lo largo de todo el año 2025, trabajen interdisciplinarmente historiadores del arte, musicólogos, filólogos y artistas escénicos.
Este proyecto interdisciplinar subsana la ausencia de comunicación entre ámbitos de estudio hasta ahora distantes y, sobre todo, favorece las sinergias entre disciplinas científicas y de humanidades con un objetivo común de trabajo artístico.
Nuestro objetivo para el 2025: aprender, a través del teatro, a leer los sonidos grabados en piedra para ser capaces de escuchar el medievo, y poder resignificarlo desde una perspectiva contemporánea.

Foto Enrique del Barrio
- EL ESPECTÁCULO: HACIA ECOS DE LO SAGRADO.
El proyecto de nueva creación para 2025, es un espectáculo que, siendo concebido originalmente para las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María la Real de Valdeiglesias en Pelayos de la Presa (Madrid), se constituye en testimonio vivo del patrimonio filosófico, literario, litúrgico, musical y escénico de tiempos pretéritos.
Como hemos venido estudiando a lo largo de este año, nuestra comprensión de la obra artística no compete exclusivamente a la vista. El punto de partida para este proyecto de creación ha sido el sentido del oído, y en particular la música y la palabra, en relación con el espacio físico para el que fueron creadas.
Desde esa perspectiva, nuestra propuesta escénica supone un viaje en el tiempo, que parte de un estudio genérico del monasterio, sabiendo que se disgrega en distintos escenarios en los que existió un sistema sónico que integra desde la palabra y el canto en la iglesia, a la voz en el capítulo o el refectorio, las diferentes campanas y sus toques, la salmodia en las procesiones, el agua en la fuente del lavabo, los pasos por el claustro…
Nos encontramos ante un proyecto de finalidad puramente artística, pero con un fuerte componente de coherencia documental en su proceso de construcción, que parte de una aproximación crítica a la acústica en los monasterios del Císter. Sin embargo, la percepción es experiencia y, por lo tanto, es única: la reproducción del sonido en un espacio con la mayor fidelidad histórica que podamos, no nos va a devolver su percepción en la época. La experiencia histórica de los sentidos y las emociones no puede ir más allá de un simple marco especulativo. Teorizamos sobre algo que nos es imposible experimentar como seres humanos de otro tiempo.
Y ahí entronca nuestro proyecto con el presente: no nos interesan los espectadores del pasado, sino los de hoy, y las sensaciones, emociones, y hasta cuestionamientos intelectuales que en ellos se pueden generar en su encuentro en un espacio arquitectónico patrimonial, que se transforma en escenográfico, a través de los sonidos del pasado.

Foto Enrique del Barrio
- AMOR IPSE INTELLECTUS EST [1]
El contexto geográfico, intelectual e histórico en que nace Nao d´amores, nos orienta a interpretar el mundo a través del patrimonio histórico que nos rodea, como conjunto de bienes culturales que constituyen nuestro pasado, identidad y singularidad. Así, desde el ámbito de las artes escénicas, dedicamos nuestros desvelos a reivindicar el sentido del patrimonio cultural como un derecho, como una propiedad compartida imprescindible para el reconocimiento del propio individuo, que llega a toda la sociedad a través del verdadero acto de comunión que constituye el hecho teatral.
En esta ocasión, partir del mundo del sonido en la orden del Císter, y en particular en el estudio del Monasterio de Pelayos de la Presa, nos permite no solo aprovechar la belleza del entorno monumental como escenografía privilegiada para una representación teatral, sino también rescatar de sus muros todo aquello que se relaciona con la finalidad litúrgica y paralitúrgica que se vincula, a través de la idea del rito, con los orígenes de la teatralidad.
Es nuestra manera de recuperar el sentido del teatro como necesidad, como expresión artística ancestral que nace ligada a la religiosidad, y por tanto al anhelo de trascendencia del ser humano. En este sentido, Hacia ecos de lo sagrado es un acto de amor, un ritual que invita al espectador a escapar de su realidad cotidiana individual, para participar en un acto colectivo de conocimiento, o reconocimiento.
Después de muchos meses de estudio y revisión de las fuentes documentales, ha llegado el complicado momento de despegarse de aquello que es propiedad de la ciencia, y no de la poesía. Comienza así un viaje escénico concebido con toda la libertad, y sin ninguna intención arqueológica, en torno a referentes de la Plena Edad Media (s XI- XIII), época de grandes intentos de renovación monástica.

Foto Enrique del Barrio
Es en este contexto donde apareció la mística cristiana, que alcanzará su apogeo siglos después. Bajo el liderazgo de Bernardo de Claraval, los cistercienses se entregan a una piedad afectiva hacia los misterios más humanos, y de esta manera, son capaces de transformar las manifestaciones eróticas literarias del amor cortés, en desbordante amor místico
hacia la Virgen y Cristo. No deja de ser llamativa la contemporaneidad de este planteamiento filosófico, que nos lleva a descubrir cómo el verdadero anhelo de transcendencia, en la vida y en el arte, se puede canalizar a través de una espiritualidad que indaga en lo puramente humano.
Se ha dicho que existe un hu
manismo cisterciense, fundado en un socratismo monástico, que estaría inspirado en el conócete a ti mismo, y que daría sentido a las relaciones de los individuos entre sí, formando una comunidad. La espiritualidad del Císter, exige ascesis y paz interior, en una vida ritualizada, regida bajo reglas muy precisas, acompañada de gestos rituales, canto, y cuando la palabra está permitida, por frases rituales.
En nuestra búsqueda conceptual de referentes escénicos que nos ayuden a acotar una relación entre la reforma monástica cisterciense y nuestra contemporaneidad, más allá de las evidentes similitudes con aspectos tan de moda en estos tiempos de resurrección o reinvención de la mística, hemos viajado a la reforma escénica y al renacimiento del teatro ritual de los años 60.
La vanguardia teatral de Jerzy Grotowski en la Polonia de la época, supuso, de alguna manera, una auténtica revolución espiritual en la Europa escénica de su tiempo, en la que podemos encontrar ciertas analogías con diferentes aspectos de la reforma cisterciense.
El Teatro Pobre de Grotowski se despoja de todo elemento superfluo, porque se concentra en la esencia del arte teatral, pero es también ascético porque busca una nueva moralidad, un nuevo código de artista. De esta manera, al mismo tiempo, desafía una concepción burguesa de un estándar de vida, proponiendo la sustitución de una riqueza material por la riqueza moral. Sin ser creyente, habla de la santidad del actor. El intérprete no exhibe su cuerpo ante el auditorio, simplemente, trabajando desde el verdadero amor, lo aniquila, lo quema, lo libera de cualquier resistencia que entorpezca los impulsos expresivos, de manera que no vende su cuerpo, sino que lo sacrifica. ¡Pura mística monástica!
Para nosotros, como lo fue para Grotowski, el teatro no es un escape, es un camino para descubrir la vida. Un viaje que hay que hacer con intensidad, honestidad y precisión en el trabajo, para conocernos a nosotros mismos, y llegar a entendernos como artistas en confrontación con la sociedad que nos ha tocado vivir. Trabajar desde el presente sobre tradición y religión, supone desprenderse de prejuicios para enfrentarse con unos valores fascinantes, que también generan cierto desasosiego interior. Hay que trascenderlos, confrontarlos con la propia experiencia, que a su vez está determinada por la experiencia colectiva de nuestro tiempo.
Esto es lo que hemos intentado hacer a través de Hacia ecos de lo sagrado: un ejercicio escénico, que reinventa las voces de los ancestros, que nos llegan, grabadas en piedra, desde las fuentes de nuestra propia cultura.
Ana Zamora
4. Las músicas de “Hacia ecos de lo sagrado”
El viaje iniciático de Bernardo Claraval guiado por la Virgen, se constituye en este espectáculo, en un tránsito musical por la celebración del Triduo Pascual en un monasterio cisterciense. Lejos de cualquier reconstrucción arqueológica, la propuesta busca sumergirnos en la sensibilidad espiritual y estética de esta orden en uno de los momentos más importantes del calendario cristiano.
La música, seleccionada, compuesta e intervenida específicamente para esta producción, se inspira en las prácticas litúrgicas y repertorios propios del Císter. Hemos incluido himnos, antífonas y responsorios extraídos de fuentes como el Himnario, Antifonario y Gradual de Westmalle, el Procesional de París, el Antifonario Medici o el Códice Las Huelgas, este último estrechamente vinculado a la vida monástica femenina en Castilla. Una característica especialmente interesante de muchas antífonas es el uso del estilo directo en sus textos: Cristo, María y otros personajes bíblicos hablan en primera persona, o bien se les otorga la palabra desde la voz del narrador.
En varios momentos aparecen contrafacta: composiciones originales que reutilizan melodías medievales conocidas, dotándolas de nuevos textos litúrgicos o poéticos, con el fin de ampliar su capacidad simbólica. Este procedimiento, habitual en la Edad Media, cobra aquí el sentido del diálogo entre tradición y creación contemporánea. En uno de ellos, se ha puesto la música del himno O redemptor —asociado a la liturgia del Jueves Santo— al servicio de la Rhythmica oratio del poeta cisterciense Arnoul de Louvain, un texto devocional que fue utilizado por D. Buxtehude en su célebre ciclo Membra Jesu nostri. Asimismo, la cantiga ¡Eya, velar!, presente en El duelo de la Virgen de G. de Berceo, se interpreta aquí sobre una cantinela tradicional del salmo hebreo 118, en alusión a los custodios judíos del sepulcro.
Uno de los núcleos temáticos de la obra es la figura de María como madre nutricia, inspirado en una iconografía poco conocida: la Lactatio Bernardi. Esta imagen, mística y corporal, encuentra resonancia en los textos y músicas que exaltan la encarnación y la promesa de vida nueva. El conductus Ave virgo virginum del Antifonario Medici canta a la Virgen que destila leche y miel; en el motete Flavit auster, procedente del Códice Las Huelgas, se exalta el pecho de María como alimento de Dios; y en la Cantiga de Santa María nº 54, el milagro mariano se expresa con total claridad: la Virgen ofrece su leche como signo de su poder sanador.
En su conjunto, el espectáculo propone una experiencia de recogimiento, belleza y reflexión, en la que el lenguaje del teatro y el de la música sacra se funden para abrir una ventana a la espiritualidad católica medieval, con ecos que aún resuenan en el presente.
María Saturno

Foto Enrique del Barrio
5. LA ORDEN DEL CÍSTER
La orden cisterciense (Ordo Cisterciensis, O.Cist.), igualmente conocida como orden del Císter o incluso como Santa orden del Císter (Sacer Ordo Cisterciensis, S.O.C.), es una orden monástica católica reformada. Tienen como regla la de San Benito, la cual aspiran seguir en forma estricta. Nacieron en 1098 como una reacción de la relajación que consideraban que tenía la Orden benedictina de Cluny (de 910), queriendo volver al espíritu original de la Orden de San Benito (de 529). La nueva orden se basa en los principios de abandonar todo signo externo de riqueza y en el propio trabajo para conseguir su subsistencia, será el famoso ora et labora que distinguirá a los monjes del Císter. Su origen se remonta a la fundación de la Abadía de Citeaux por Roberto de Molesmes.
La sede central de la Orden del Císter se encuentra ubicada donde se originó la antigua localidad romana Cistercium, próxima a Dijon, en la comuna de Saint-Nicolas-lès-Cîteaux, del departamento de Côte-d'Or de la región de la Borgoña (Francia). Esta abadía fue llamada Novum Monasterium por Roberto de Molesmes para diferenciarla del monasterio de Molesmes, de donde procedía. La orden cisterciense desempeñó un papel protagonista en la historia religiosa del siglo XII.
Como restauración de la regla benedictina inspirada en la reforma gregoriana, la orden cisterciense promueve el ascetismo, el rigor litúrgico dando importancia al trabajo manual. Además de la función social que ocupó hasta la Revolución Francesa, la orden ejerció una influencia importante en los ámbitos intelectual o económico, así como en el ámbito de las artes y de la espiritualidad.
Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval (1090-1153), hombre de una personalidad y de un carisma excepcionales. Su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cisterciense más importante del siglo XII, pues, aun no siendo el fundador, sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la orden.
A pesar de que existe polémica entre los especialistas sobre cuál es el primer monasterio cisterciense de la Península Ibérica, parece que el primer asentamiento de los monjes pudo ser en 1140 en el monasterio de Fitero en Navarra, entonces perteneciente a la corona de Castilla, donde reinaba Alfonso VII el Emperador, aunque otros autores consideran a los monasterios de Sobrado dos Monxes o Moreruela anteriores.
Alfonso VIII fundará el monasterio de las Huelgas Reales, y conseguirá que sea la casa madre de todos los monasterios femeninos de Castilla.
Ramón Berenguer IV conde de Barcelona, donó las tierras de Poblet para el primer asentamiento en terrenos de la corona de Aragón. La mayoría de las fundaciones en la Península se realizan en la segunda mitad del siglo XII, siendo además estas las que tendrán más éxito.
6. EL CÍSTER EN MADRID: EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE VALDEIGLESIAS, EN PELAYOS DE LA PRESA (MADRID)[2]
El Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias en Pelayos de la Presa es la más importante fundación monacal de la Orden Cisterciense que se conserva en la Comunidad de Madrid.
Los orígenes del monasterio parecen remontarse a época mozárabe, cuando existían distintos eremitorios dispersos por el valle, entre los que destacaba uno dedicado a la Santa Cruz. Un documento fechado en Toledo en 1150 señala que el rey Alfonso VII donó el valle al abad Guillermo y sus monjes para que unificara varios eremitorios preexistentes y fundara un monasterio acogido a la Orden de San Benito. Posteriormente se afilió a la Orden del Císter y, con ese propósito, en 1177, el rey Alfonso VIII hizo venir para hacerse cargo de él a monjes del monasterio vallisoletano de La Espina. Estos datos históricos, y otros posteriores, proceden de la recopilación realizada por un monje en el Tumbo de Valdeiglesias de 1644.

Foto Ana Yñáñez
Es lícito pensar que la construcción del templo debió iniciarse al poco tiempo, hacia 1180. La sobriedad es característica fundamental de toda la construcción, con total austeridad en lo decorativo. Todo ello es propio de la arquitectura cisterciense de finales del siglo XII y principios del XIII, aún fuertemente vinculada al románico, pero incluyendo elementos propios del protogótico.
a lo largo del tiempo. El actual conjunto monástico es el resultado de numerosas obras y transformaciones que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo, desde su fundación en el siglo XII hasta el XVIII.
El declive del monasterio se inició en este último siglo debido a diversas causas, como la reducción de la comunidad de monjes y el importante incendio producido en 1743 que afectó a numerosas dependencias. Ya en el siglo XIX, sufrió el saqueo de las tropas napoleónicas y después, a partir de 1836, las consecuencias de las políticas desamortizadoras, con la consiguiente pérdida de bienes y el deterioro del edificio. En 1884 fue subastado por el Estado sucediéndose, a partir de entonces, diferentes propietarios hasta su adquisición en 1974 por el arquitecto Don Mariano García Benito, que inició la labor de recuperación y restauración.
En el año 2004 fue donado por su propietario al municipio de Pelayos de la Presa, gestionado por la Fundación Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias. A partir de este momento, la Comunidad de Madrid, consciente del valor histórico y artístico de este monumento, declarado Monumento Histórico Artístico en 1967 y refrendado posteriormente por R.D. de 23 de noviembre de 1983 como Monumento Histórico Artístico de Carácter Nacional, comenzó el proceso de recuperación del monasterio.
Mucho más tardío, ya barroco, es el monasterio cisterciense de las Bernardas de Alcalá de Henares, fundado en 1613 y comenzado a construir en 1617, siguiendo los deseos de su fundador, el cardenal y arzobispo de Toledo Bernardo Sandoval y Rojas, declarado monumento arquitectónico-artístico en 1924, y que ha sido recientemente rehabilitado.
[1] El amor es, en sí mismo, principio del conocimiento (Guillermo de Saint Thierry)
[2] Extraído del libro: MOMPLET MÍGUEZ, A y MORENO MARTÍN F.J, Camino de Perfección. Conventos y Monasterios de la Comunidad de Madrid
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Los textos en castellano que configuran la dramaturgia, proceden de diversas obras de Gonzalo de Berceo: Del sacrificio de la misa, El duelo de la Virgen, Himnos, Loores de Nuestra Señora, Los milagros de Nuestra Señora, Los signos del Juicio Final.
Las músicas, en su mayoría de procedencia cisterciense, han sido tomadas de fuentes muy diversas, entre ellas: Monasterio de Poblet, Códex “Las Huelgas” (en edición de J.C. Asensio), Himnario de Westmalle, Procesional cisterciense de París, Cantigas de Sta. María (en edición de H. Anglés), Abadía de Salzinnes, Misal cisterciense de la Biblioteca Mun. Coimbra…
Traducción de dos versos del Magníficat al arameo: Jesús Luzárraga
FICHA
Dramaturgia y dirección Intérpretes Asesor de voz, palabra y verso Asesoría, arreglos y dirección musical Vestuario Espacio escénico, y trabajo de objetos Iluminación Asesor de movimiento y coreografía Asesor de historia del arte y liturgia | Asesor de literatura Ayudante de dirección Ayudante de vestuario Ayudante de producción y escenografía Realización de escenografía Realización de vestuario Técnico maquinista Dirección técnica y técnico de iluminación Diseño Cartel Prensa Producción ejecutiva Duración: 1 hora |
Nao d´amores, en una producción de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal
Colaboran: Ayto. de Pelayos de la Presa y la Fundación Monasterio de Sta. María la Real de Valdeiglesias

PREMIOS
PREMIO MAX 2026
Mejor espectáculo lírico o musical
PRENSA
LA PRENSA HA DICHO SOBRE HACIA ECOS DE LO SAGRADO...
ELPERIÓDICO DE ESPAÑA: “Nao d’amores viaja al universo sonoro de la Edad Media y la Orden del Císter para buscar los orígenes del teatro”
Marta García Miranda. 11/07/2025
“Setenta espectadores asisten a lo más parecido a una trasposición de alma y espíritu, de la piedra a la carne. El tiempo se detendrá en esta pieza que indaga en el paisaje espiritual y sonoro de aquella revolución monástica que supuso la Orden del Císter en la Edad Media para buscar, en el fondo, los orígenes de un teatro concebido como expresión artística ancestral ligada a la religiosidad y al anhelo de trascendencia del ser humano. Y todo eso, en un monasterio en ruinas, de noche y con luna llena. Casi nada.
Alejado del efectismo y la grandilocuencia, el de Nao d’amores es un teatro delicado, poético, profundo y artesanal que lleva 25 años defendiendo la escena como encuentro y comunidad a partir de la recuperación del patrimonio medieval, renacentista y prebarroco. Y aunque su territorio es el del teatro clásico, con esta nueva pieza la compañía de Ana Zamora se coloca en ese lugar que ocupan creadores de la escena contemporánea como Cabosanroque, Nilo Gallego, Edurne Rubio, Fran MM, Cabeza de Vaca o El Conde de Torrefiel, que conceden a lo sonoro una enorme presencia en sus creaciones”
EL PAIS: “Nao d'amores lleva su teatro a las ruinas de un monasterio”
Rodrigo Naredo. 12/07/2025
“Las cigarras no son actores pagados, pero podrían. Su canto recibe a un limitado grupo de espectadores a las puertas del monasterio. Al estridente sonido de los insectos, que parecen callar cuando el espectáculo nocturno empieza, le seguirán el de los cantos en latín, pasos, flautas, percusiones, la fidula o la zanfona, y el de las voces de ocho intérpretes que, en un castellano medieval, guiarán una función itinerante por las entradas de piedra de la construcción milenaria. El conjunto goza de una terrenidad refrescante. La obra transita con humor y cercanía gracias al trabajo sentido y también preciso de actores, cantantes y músicos.
Hacia ecos de lo sagrado, es todo lo que se espera de la compañía que dirige Ana Zamora, coherente con la manera que han tenido siempre de entender el teatro”
HUFFINGTONPOST: 'Hacia ecos de lo sagrado', hagamos una prosa
Antonio Hernández Nieto. 13/07/2025
“La obra propone más de un viaje. Porque, por un lado, pide al público que se desplace a un lugar poco convencional para ver una propuesta teatral. Pero por otro, también implica el desplazarse en el tiempo. A esas épocas de representación musical, popular y medieval, representaciones litúrgicas, que se hacían en los monasterios.
El objetivo, no es la palabra en sí misma, sino lo que su musicalidad, su materia sonora, provoca en quien la oye. Ya que este es ante todo un espectáculo musical. Música de una belleza brutal interpretada por instrumentos también bellísimos. Todo ello sucede en espacios medievales en ruinas, reimaginados por románticos.
Parece algo antiguo y anacrónico, pero a la vez, la recuperación de estas representaciones tan ingenuas y primitivas junto a la bella reiteración musical adquiere, también, más contemporaneidad de la que se piensa. Esa que pide la recuperación del espíritu, de un alma que, sin pertenecer a religión o dios alguno, muchos artistas consideran como perdida. Un alma que vuelva a reunirnos, en el común de lo que somos y no en la diferencia de los fuimos. Una reunión, de religar y de religión y de celebración, alrededor de historias como esta que nos contamos y cantamos litúrgicamente, bajo una bella luna llena de julio. Donde el tiempo natural se mezcla y continúa sin complejos con el tiempo del artificio”
EFE- Agencia de Noticias: Teatro y talento sobre las piedras del Císter
Amalia González Manjavacas. 18/07/2025
“Toda una valiente apuesta, y estéticamente: impecable. Deleitarse una calurosa noche de verano bajo las voces solemnes y los ceremoniosos pasos de ocho actores. Cual ritual iniciático guían al espectador en un itinerario escénico entre piedras y tierra, ruinas del Císter, que nos muestran aquel pasado de bóvedas y arquerías de ojivas góticas, mientras la voz de Gonzalo Berceo nos envuelve con sus cánticos y tañer de sonidos por estancias abandonadas... está al alcance de todos. Una fascinación por viajar a territorios poco conocidos. Una original puesta en escena, innovadora creación escénica y musical que invita al público a una experiencia artística completa, para todos los sentidos”
EL ADELANTADO DE SEGOVIA: De la piedra a la carne. De lo íntimo compartido
Maite Hernangómez. 19/07/2025
“Hacia ecos de lo sagrado es un hecho escénico, singular y contemporáneo, en que las piedras de un monasterio se convierten en carne viva. Como si de un sortilegio se tratara, los espectadores fuimos envueltos y amparados desde principio a fin en un viaje ritual. Atravesamos una brecha en el tiempo abierta para nosotros gracias a una composición dramatúrgica que funciona a la perfección y nos atrapa. Hay una unidad perfecta entre el espacio y sus espacios, los textos de Gonzalo de Berceo, los cantos litúrgicos, la música, los colores de los trajes de los actores que son de una sencillez y desnudez absoluta, los objetos y elementos escénicos que se transforman a través del juego de los actores, en la filosofía y los aspectos teológicos del Cister, en su especialísima devoción a la Virgen.
Y lo vivimos como si estuviéramos ensoñando. En un tiempo en el que nuestras vidas están saturadas de tanta pantalla, artificio, ruido y barullo, cosas innecesarias y artificiales, bobadas, gritos y confrontación, un arte escénico que proponga silencio y contemplación es una necesidad. Un acierto.
Ana Zamora tiene el don de activar tiempos pretéritos, trayéndonos al presente lo inmensamente vivo, atemporal y eterno: El aroma de un conocimiento que nos indica el camino de lo que significa ser humano, que quizá no sea ni más ni menos que saber vivir en comunidad, los unos junto a los otros, entendiendo que el otro es también uno. Esa hermandad es una forma de vivir, de entender el mundo, de resolver los conflictos”
No soy como piensas (blogteatral): Una experiencia sensorial
Sergio Hernández. 19/07/2025
“Una experiencia sensorial en la que música y palabra se combinan con el entorno del monasterio para llevar al espectador a un viaje hacia el pasado.
La palabra, con base en diversos textos de Berceo, viene acompañada de música mayoritariamente cisterciense, interpretada en directo, con voz y toda suerte de instrumentos de época. Solamente por asistir al «concierto», conocer todos estos instrumentos distribuidos por el monasterio y escuchar las armonías de sus intérpretes, ya habría merecido la pena asistir al espectáculo. Texto y puesta en escena alcanzan una fusión virtuosa que, verdaderamente, nos permite a los espectadores contemplar la obra con una inmersión pocas veces alcanzada.
Un espectáculo brillante y cautivador en el que todos sus componentes, dentro y fuera de escena, realizan un trabajo muy meritorio”



