FARSA Y LICENCIA DE LA REINA CASTIZA
de Ramón del Valle Inclán
Coproducido por Nao d´amores y el Teatro Español
INTRODUCCION
El Teatro Español, produce, en coproducción con Nao d´amores, a través de su línea contemporánea Navegando hacia el presente, la Farsa y licencia de la reina castiza, de Ramón del Valle-Inclán.
Se trata de una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco. En un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral.
Valle-Inclán utiliza el esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.
Teatro Español
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ESPAÑA, RIDÍCULO TEATRILLO DE GUIÑOL
La metáfora del Theatrum mundi remite, para aquellos que nos dedicamos habitualmente al teatro clásico, a un sentido calderoniano, reverencial, teológico. Por eso, no deja de ser gozoso enfrentarse a la obra de Valle- Inclán, quien, a través del tópico literario, entiende nuestra realidad más trascendente como ridículo teatrillo de guiñol, tablado de bulevar, chirigota caricaturesca reflejo de un mundo caduco, absurdo y corrupto. ¡Qué capacidad de cachondeo, de señalar la miseria nacional, de atacar los pilares de un gobierno y una sociedad que se ha convertido en retablo de fantoches! ¡Qué elocuencia a la hora de muñequizar y ridiculizar la sórdida España de la pornografía orgiástica atribuida a los Borbones, para convertirla en tablado de marionetas de afán regeneracionista!
Quizá Valle- Inclán podría ser considerado el padre del teatro documento en España, o más bien del teatro documento a la española. Aquí la denuncia política y social, no se genera en la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania de aquellos felices años 20. Farsa y licencia de la reina castiza, nos presenta una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII (coetáneo del autor), y se proyecta vivamente en nuestro presente.
Valle- Inclán es un visionario, y su teatro un juego maravilloso que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona.
Ana Zamora

LA OBRA
LA OBRA: FARSA Y LICENCIA DE LA REINA CASTIZA
Farsa y licencia de la reina castiza (en 1920 se publica en La pluma, y en 1922 forma volumen independiente) se inclina ya decididamente por los caminos esperpénticos. La misma personalidad de la reina Isabel II, la malaventura de su matrimonio desgraciado, de sus conflictos y disgustos amorosos, etc, son vistos por Valle (volverá a tratarlos de otra forma en las novelas de El ruedo ibérico) con estética de chafarrinones, deformada y gesticulante. A pesar de la pulcritud de sus versos y de la localización en un pasado, la realidad grotesca, caricaturesca, de las aventuras reales, el tono desgarrado y zumbón nos llevan de la mano al esperpento.
El turbio chantaje a costa de unas imprudentes cartas de amor de la reina está en la base de los conflictos. Toda la maquinaria cortesana (generales, clérigos, intendentes, beatas, etc) se desmorona en abyección ante nuestro pasmo. Una ventolera de absurdos se cierne sobre la pareja real y los grandes de la corte, retratados con rasgos de animalidad. Ante el devenir de corrupciones, trampas, estulticia, etc, podemos definir la Farsa y licencia de la reina castiza, como una expedición al reino del absurdo.
Es en esta farsa donde, por primera vez, la andadura está sometida a la cruel alteración de secretos armónicos que sostienen el esperpento. Ya aquí es muy perceptible el gran descubrimiento del escritor: la lengua popular, chulesca y en perpetuo desmán, de las clases populares madrileñas.
La farsa y licencia de la reina castiza es, por añadidura, la primera aparición rotunda y consciente de la sátira política, lograda por medio de la implacable caricaturización de la historia nacional. Todas las figuras de la farsa son reconocibles. Pero todas se escapan (excepto la real pareja, claro es) a ese reconocimiento. El regate duro y oportuno que será el gran recurso del esperpento maduro está aquí. Se lanza la verdad sobre el tapete y, al ir a recogerlo, nos topamos con el esperpento dolorido de ella, pero sin un bulto corpóreo. Los muñecos de la trama se convierten en símbolos y como tales hemos de enjuiciarlos.
Alonso Zamora Vicente[1]
[1] Este texto es un extracto de la Introducción general a la Biblioteca Valle- Inclán. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990.

LA MÚSICA
MÚSICAS PARA UNA REINA Y UN CANDIL
La reina castiza baila con el pueblo y se divierte entre manolos y manolas. La afición de los monarcas españoles a zafarse del protocolo palaciego para alternar con el pueblo llano es legendaria. Siguiendo esta costumbre, tan campechana y tan bien arraigada en la mitología popular, la reina castiza de Ramón María del Valle-Inclán acude a un baile de candil. El Curioso Parlante, Ramón de Mesonero Romanos, ofrece una deliciosa descripción de aquellos saraos nocturnos y semiclandestinos que satisfacían las más variadas pasiones humanas (Semanario pintoresco español, 1833).
Esta premisa nos lleva al universo musical y coreográfico de la escuela bolera, donde aparecen aires característicos que conquistaron gran popularidad dentro y fuera de España durante más de un siglo. Son la esencia de la danza española, constituyen el germen de la música nacionalista y contienen fórmulas preflamencas. Entre aquellos temas se cuentan las seguidillas, el fandango, el polo, la tirana, el jaleo, las peteneras o la celebérrima cachucha, con la que Fanny Eisler triunfó en París, en 1836. Estos bailes eran un aire fresco, procedente del pueblo, que contrastaba con los ecos cortesanos del viejo régimen que se resistía a desaparecer. Hemos pintado aquellas divergencias incorporando algunas danzas barrocas que sobrevivieron en los salones palaciegos al colapso de su ecosistema, como el minueto, la zarabanda o el rigodón.
Para completar el paisaje musical, recurrimos a los toques de ordenanza y a los cantos políticos que evocan las guerras y luchas desencadenadas por las veleidades de nuestros monarcas y gobernantes. En este tapiz sonoro se entremezclan la marcha real con el himno dedicado al mariscal Rafael del Riego, El Lairón o El Trágala. La interpretación de esta última canción, en un acto celebrado en el Teatro del Príncipe (hoy Teatro Español), el 3 de septiembre de 1820, desencadenó una batería actuaciones contra los liberales.
Hemos recopilado músicas bien conocidas a lo largo del siglo XIX con temas, entre otros, de Félix Máximo López (1742–1821), Blas de Laserna (1751–1816), Manuel García (1775–1832), José Nono (1776–1845), José Melchor Gomis (1791–1836), Antonio de la Cruz (1825–1889), Álvaro Milpager (1849–1889) o Ruperto Chapí (1851–1909), así como aires populares recogidos por Isidoro Hernández (1847–1888) y Federico Olmeda (1865–1909). Las letras cantadas son, en casi todos los casos, adaptaciones de coplas populares, adecuadas a la dramaturgia propuesta por Ana Zamora para esta coproducción del Teatro Español y la Nao d’amores.
Seguro que don Ramón María, nacido en 1866, reconocería estas melodías. Para el público de hoy, resuenan con cierta familiaridad en la memoria colectiva. Este retablo valleinclanesco tiene una vocación pedagógica y política. Hereda el gusto por aquellos espejos de príncipes que advertían contra los peligros del poder y la corrupción. Bajo esta rúbrica, hemos aliñado un popurrí musical que aspira a despertar sueños, dudas e inquietudes, a agitar corazones y conciencias. Quiere ser la imagen sonora de una realidad contradictoria y grotesca, pasada y presente. El teatro pone el mundo en solfa y la vida es un fandango, así que ¡a cantar y a bailar!
Víctor Pliego de Andrés

SINOPSIS
SINOPSIS
Un pícaro llega a la corte de Isabel II, con la intención de chantajear a la reina con unas cartas subidas de tono, firmadas por ella, que revelan su conducta licenciosa. El rey, al enterarse, busca obtener su propio beneficio de la situación, desencadenando intrigas en palacio. Las distintas camarillas de la corte se enfrentan en un ambiente de corrupción y doble moral, pero finalmente aceptan el chantaje y se unen para ocultar sus miserias.

VALLE INCLÁN
EL AUTOR: RAMÓN MARÍA DEL VALLE- INCLÁN.
Entre todos los escritores de la generación del 98, Ramón del Valle- Inclán destaca por la extraordinaria altura de su creación artística. Comenzó siendo un fervoroso adalid del modernismo, con la máxima aportación de la literatura en español a esa corriente: las cuatro Sonatas. Hombre de teatro se replanteó, con viveza y valentía, la renovación de la escena (La marquesa Rosalinda, Farsa y licencia de la reina castiza, la trilogía de las Comedias bárbaras, Divinas palabras, etc). Gran novelista ya desde su juventud (las citadas Sonatas, la trilogía de La guerra carlista), dedicó formidables esfuerzos a la transformación de la lengua narrativa, incorporando a su discurso literario las innumerables variable léxicas del español americano (Tirano Banderas, considerada la mayor creación novelesca del siglo en nuestra lengua). Anheló novelar la compleja y apasionante historia de los finales del reinado de Isabel II (El ruedo ibérico), empresa que desgraciadamente interrumpió la muerte del escritor.
Dentro de su trayectoria literaria, sobresale la invención del esperpento. Manifestación teatral dialogada, del desgarro expresivo, de la voz del hampa y de la marginación, el esperpento, más grito patético que sosegada meditación, está puesto al servicio de una implacable revisión crítica de la sociedad española, de sus defectos, sus creencias y sus actitudes artísticas, políticas, etc. Eso son Luces de bohemia, Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán (agrupados los tres últimos bajo el título Martes de Carnaval), trozos de la realidad próxima que nos unen al mejor Quevedo y, en general, a la aguda mirada de los clásicos.
Setenta años de vida fructífera, dedicada con exclusivo empeño a la literatura. Mezcla extraña y atrayente de gran señor decimonónico y de intelectual de avanzadilla, vivió en libro, literariamente, personaje central de su propia aventura, en la que no faltaron ribetes de llamativa resonancia. Hombre de teatro, actor, crítico acerado y mordaz, autor de un teatro que se convierte en vanguardia demoledora…. pero es que incluso en toda su obra en prosa la teatralización es característica inherente y capital. El teatro está en lo más hondo de la sensibilidad literaria de nuestro autor.
Con el transcurso del tiempo, la obra de Ramón del Valle- Inclán se ha ido agigantando hasta adquirir las dimensiones de un fenómeno irrepetible en las letras hispánicas, siendo ya un clásico.
Alonso Zamora Vicente[1]
[1] Este texto es un extracto de la Introducción general a la Biblioteca Valle- Inclán. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990.

FICHA
Texto
Ramón del Valle-Inclán
Versión y dirección
Ana Zamora
Intérpretes
Miguel Ángel Amor
Paula Iwasaki
Alejandro Pau
Aisa Pérez
Rafael Ortiz
Isabel Zamora
Voz y palabra
Vicente Fuentes
Dirección musical
Víctor Pliego de Andrés
Vestuario
Deborah Macías
Espacio escénico y trabajo de objetos
David Faraco
Iluminación
Juan Gómez - Cornejo
Coreografía
Javier García Ávila
Ayte. de dirección
Alba de la Cruz
Ayte. de dirección musical
Isabel Zamora
Ayte. de escenografía y vestuario
María Teresa Ferrara
Realización de escenografía
Carpintería Santa Amalia
Ángeles Marín
David Faraco
Realización de Vestuario
Maribel Rodríguez
CRIN Escénica
Paco Cuero
Deborah Macías
Diseño y realización de sombreros
Ricardo Vergne
Diseño y realización del suelo
Richard Cenier
Relaciones públicas Nao d´amores
Josi Cortés
Coordinación técnica Nao d’amores
Fernando Herranz
Distribución
Susana Rubio
Producción Nao d’amores
Germán H. Solís
Producción
Teatro Español y Nao d’amores
Duración: 60 minutos
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"a la memoria de Luis Martín"

Una producción del Teatro Español y Nao d´amores

PRENSA
LA CRÍTICA HA DICHO…
EL PAÍS (BABELIA): “Sexo, negocios y campechanía”.
Javier Vallejo (17/07/2026)
“La función está ambientada con buen gusto, puesta en escena con finura y resuelta con ingenio. Es uno de los mejores trabajos de Nao d’amores, compañía especializada en el teatro renacentista y medieval, que en esta ocasión ha cambiado de época, pero no de registro. Si en Farsa y licencia…, Valle-Inclán concilia el verso modernista con el vocabulario callejero, Zamora sirve esa mezcla mordaz combinando visión plástica con sentido del ritmo. Las coplas populares decimonónicas, le imprimen al espectáculo un vuelo gracioso y ligero. Al público le encantó y no es para menos”
ABC: “Sátira de trazo fino”.
Julio Bravo (02/ 07 / 2026)
“Tres adjetivos: cómica, breve y satírica se pueden aplicar perfectamente a la obra que acaba de estrenarse en el Teatro Español. Se trata, vaya por delante, de un magnífico espectáculo, que huye del trazo grueso -tan tentador en estos casos-, elegantemente vulgar y cuidado al máximo en todos los detalles.
Hay autores, como Valle-Inclán, que merecerían estar permanentemente en cartel, y con la garantía que ofrece siempre el trabajo de Ana Zamora y su compañía Nao d'amores.
No es frecuente que la directora segoviana y su equipo salgan «de la cueva renacentista» -Eduardo Vasco dixit-, pero a la vista de los resultados no estaría mal que lo hiciera más a menudo. Sobre una versión propia reducida a una hora, Ana Zamora construye una función tan esencial como profunda, tan ligera como reflexiva, tan divertida como ácida; y, sobre todo, viva, muy viva.
Se suele decir que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, y algo de infantil hay en el juego que propone Ana Zamora, con una puesta en escena guiñolesca y ferozmente 'inocente'. Con esta historia, escrita en verso, la directora crea un espectáculo lleno de gracia, de garbo y de inteligencia, sobrio y entretenido, desvergonzado y elegantemente procaz; tiene Ana Zamora la inteligencia de no subrayar ni buscar la fácil complicidad de las similitudes con la actualidad. Así, sobre todo brilla la palabra resplandeciente de Valle-Inclán, con un lenguaje -acotaciones incluidas- que son fuegos artificiales, especialmente en estos tiempos en los que tanto se ha degradado.
Sobre todo si se dice con la preciosidad con la que lo hacen los intérpretes de este montaje, afinados todoterrenos que se expresan a través de la palabra, la música y el baile convertidos en guiñoles bufonescos, en caricaturas vistas a través de los espejos del Callejón del Gato, y que convierten el cuidadísimo espectáculo en una fiesta teatral de primer orden”
LA RAZÓN: “Jugando con Valle- Inclán”
Raúl Losánez (02/07/2026)
“Resulta verdaderamente esperanzador que alguien como Ana Zamora, haciendo lo que hace, lleve ya tanto tiempo familiarizada con el éxito. Es esperanzador para cualquier amante del teatro en general, que ve cómo aún es posible encontrar en la cartelera algo bueno que no sea comercial (es decir, algo original y a veces arriesgado, además de talentoso), y lo es también, a título más particular, para aquellos que se dedican profesionalmente a la creación escénica y todavía no han rendido su personalidad artística (en ocasiones se rinden por mera supervivencia) a la banalidad de las modas temáticas y estilísticas que están imponiendo en muchos lugares de la geografía española unos programadores cada vez más politizados, vagos e ignorantes.
La obra es una delicia. y lo es porque su directora se ha dedicado ante todo a privilegiar el juego teatral y a dejar que la acción se vaya enriqueciendo en ese mismo juego. Aprovechando al máximo la naturaleza guiñolesca que ya tiene la pieza en su origen, Zamora ha ido con inteligencia a la esencia de esos personajes, al “esquema” humano de cada uno, independiente de su identidad, y les ha infundido un nuevo aliento de vida dentro de unas coordenadas muy delimitadas, pero, al mismo tiempo, muy generales. Por supuesto, ha contado con un estupendo y aplicadísimo elenco que hace un trabajo admirable -y muy coral- tanto en lo que respecta al texto como al movimiento y a la manipulación de objetos.
Igualmente destacable es la labor de todo el equipo artístico, para dar empaque y belleza a algo en apariencia tan insignificante. Cabe mencionar dentro de él al iluminador Juan Gómez-Cornejo, a la vestuarista Deborah Macías o al escenógrafo David Faraco. Lo mejor: La complejísima sencillez de una propuesta en la que todo está perfectamente medido y cuidado”
EL ESPAÑOL: “Una delicatessen de Ana Zamora”
Liz Perales (11/07/2026)
“Pocas veces se encuentra un espectáculo que logre poner en escena un texto del manco gallego de forma tan atinada en espíritu y forma y a la vez complementarlo y hacerlo crecer con aportaciones escénicas que ayudan a su comprensión y lo hacen tan gozoso.
¡Qué lección de teatro y de arte nos da Valle! ¡Qué inspirador para nuestros autores contemporáneos! Escritura elaboradísima, innovadora, cuyo acierto es también decantarse por la exageración y el cachondeo, por el andarse sin contemplaciones y asumir que la verdad no es neutra cuando se trata de enfrentar al espectador a la degradación de la sociedad de su tiempo.
La concepción escenográfica, de David Faraco, parte de un elemento genial, una crinolina o miriñaque de gran diámetro, que permite que otros personajes desaparezcan bajo él, hasta el piano en el que Isabel Zamora toca coplas y tonadillas que ilustran las transiciones de cada acto. Los actores se aplican el fuerte corsé de supermarionetas libres de psicologismo y organicidad. Actúan como muñecos, dicen magníficamente el texto y se doblan y se triplican en varios roles. Siendo fieles a la palabra de Valle, todo se comprende y resulta una auténtica delicatessen”
LA ÚLTIMA BAMBALINA: “Valle-Inclán y su Farsa con una impecable versión dirigida por Ana Zamora”. José Luis González Subías (17/07/2026)
“Ana Zamora ha creado de nuevo un montaje de un exquisito estilismo y un depurado gusto estético, donde la plasticidad de las formas, el inteligente y polivalente uso de los objetos en escena, el acompañamiento musical, el delicado trato del lenguaje y el formidable trabajo actoral de los seis intérpretes que componen el reparto, constituyen un engranaje armonioso y perfecto, donde todo funciona al unísono, con magnífica precisión y ritmo.
Una auténtica lección de cómo debe versionarse un texto ajeno, respetándolo y haciendo que sus galas y valores luzcan aún más ante el público contemporáneo. Los actores crean con su talento interpretativo, y su depurada técnica, un fantástico escenario donde el juego y la charlotada -perfectamente medidos en este orquestado mecanismo bufo- se imponen y transmiten al público, que sigue con interés las peripecias de una reina Isabel II, en su versión más "castiza" y populachera, a quien da vida una Paula Iwasaki que lo borda.
La mirada lanzada hace cien años por Valle-Inclán al siglo XIX parece dirigida tanto al pasado como al futuro, pues las palabras y situaciones que caricaturiza, y critica, siguen teniendo hoy plena validez. Si aún no han visto esta reina castiza, no dejen de hacerlo; les espera una gran obra teatral y un excelente montaje.
TRAS LA MÁSCARA: “La habitual calidad de la marca Nao d´amores”
Mario Martín Lucas (17/07/2026)
Ana Zamora versiona y dirige esta propuesta acentuando la burla, lo titiritesco y el guiñol, con una propuesta con la habitual calidad de la marca de Nao d’amores, Paula Iwasaki interpreta el rol de la Reina Isabel II, haciéndolo con la versatilidad y oficio que nos tiene acostumbrados, junto a ella completan el elenco algunos actores habituales en los proyectos escénicos de y Nao d’amores, alcanzando un destacado resultado actoral conjunto. Un divertimento a base de títeres, marionetas, la ironía y la sátira, que habla de poder, sexo y corrupción. Es decir, que más actual no puede ser. Un recomendable espectáculo.
HUFFPOST: “Una comedia satírica y esperpéntica sobre sexo y corrupción”
Antonio Hernández Nieto (12/07/2026)
“Nao d'amores coge una comedia de Valle-Inclán considerada menor y la hace grande para alegría del público.
El autor se da libertad para jugar con las palabras, tanto con su contenido como con su sonido, que es un gustazo escuchárselo decir al elenco. Porque los actores y actrices son buenos. No solo en el decir sino en el estar y en el moverse en escena, como es la costumbre de Nao d'amores. Y eso que esta vez se les exige ser casi títeres, marionetas histriónicas y, en cierto modo, estridentes. El elenco al completo lo consigue.
Por si eso fuera poco, se acompaña de otra marca de la casa. Una excelente selección musical que comienza con el himno de España, animando al personal a tararearlo con gracia y salero. Una música con una pianista en directo que se integra dentro de la función como un personaje más y que añade una dificultad más al elenco, la de tener que cantar, de la que los intérpretes salen con bien y muy cabareteramente, al estilo de café cantante y picante de la época en que se escribió el texto.
Ana Zamora, la directora de la obra, crea una comedia y muestra que el estilo de Nao d’amores, un estilo muy serio y respetuoso con la tradición y el conocimiento académico del teatro, es capaz de afrontar con éxito cualquier género”
ELDIARIO.ES: “Zamora consigue levantar un Valle-Inclán histórico y nunca visto. Este estreno se revela como uno de los más importantes de la temporada”
Pablo Caruana. 09/07/2026
“Valle-Inclán ha renacido en escena con este estreno. Un Valle más Valle que nunca y nuevo a la vez. La culpable es Ana Zamora y su compañía Nao d’amores.
Valle muestra la decadencia moral y política de la corte en todos sus estamentos. Convierte la corte en un gran guiñol, tan vivo como abyecto. Todo eso recoge Zamora.
Qué importante es la música en esta compañía. Y en esta ocasión, con Isabel Zamora al piano, la música vuelve a relanzar el montaje, a elevarlo al conseguir iluminar los hilos que unen la prosa de Valle con el arte popular. Y es que Zamora sabe fusionar como nadie la investigación y la creación. La combinación del rigor con una clara apuesta por la creación (tanto a nivel actoral, de vestuario, de concepción espacial y de dramaturgia) consiguen que la directora alcance hallazgos memorables.
Pero los hallazgos caen uno detrás de otro. Quizá el mayor esté en la manera de tratar actoralmente lo guiñolesco sin que se llegue a robotizar la mecánica del actor, sin caer nunca en la caricatura, salvando al personaje siempre.
El secreto de este montaje está en la medida. En tratar todo con equilibrio, con mala leche, pero sin llegar a la caricatura que reste vida y juego.
Todo el elenco está magnífico. Por último, señalar la escenografía y el vestuario a cargo de Deborah Macias y David Faraco. Son descomunales. Y lo son porque están entregados al juego escénico al mismo tiempo que a la metáfora.
Este montaje debería girar por toda España y que el pueblo pueda mirar a su autor renacido, con fuerza, tan teatral como vanguardista, tan barriobajero como excelso. En este último agraciado trienio teatral, en el que hemos visto tres muy buenos valles destaca sobre manera esta farsa, por innovadora, valiente e iluminadora”
EL PEQUEÑO ESPECTADOR: “De Valle- Inclán y Ana Zamora”.
Jesús Eguía Amenteros. (08/07/2026)
“Si esta farsa es de las más dificultosas en el terreno del lenguaje, mayor es la gracia del reparto de este montaje que, desde los primeros minutos, logra que aprendamos a masticar y, al rato, a saborear, tragar e incluso digerir un idioma más ancho que Castilla. Y ahí también toca aplaudir tanto al ya mítico maestro de la palabra Vicente Fuentes, como a doña Ana Zamora. Su puesta en escena lleva su sello: limpia, exacta, con una estética cuadrada que desarrolla la acción en cada detalle.
Los actores de Ana Zamora operan como marionetistas de sí mismos y de todos los sentados en la sala. Y si todo el equipo del montaje ejecuta una obra de Arte, punto y aparte merece la actriz encargada de detonar el tomate, Aisa Pérez y la bestialidad interpretativa que realiza en la que pasa por todo lo pasable, por dentro y por fuera, una brillantez en la que uno sale del teatro preguntándose cuándo podrá volver a sentarse ante una actriz así.
Y ante todo ello, escribo estas letras como una llamada, una propagación de la maravilla que sería para cualquiera, pero más aún para un peninsular en Bachillerato al que ahora mismo se ofrece descubrir lo qué es realmente esa cosa llamada Valle Inclán que obligan a estudiar, esas páginas de teatro a veces incomprensibles, raras, ¿freaks? Aseguro que el bachiller que se siente ante este montaje ya no volverá a leer de la misma manera esas páginas con frases raras y acotaciones inmensas. Aquello ya no serán páginas sino… una bestialidad infinitamente más dura, cachonda, bestial que todos los vídeos de Tiktok reunidos en un megamix. No os la perdáis”
KRITILO: “Un artilugio satírico representado con virtuosismo”
Ángel Esteban Monje. (04/07/2026)
“Paula Iwasaki, encarna a Paquita, con esos pómulos colorados que llevan todos, con arte excepcional, pues se ajusta al cante, a la danza con castañuelas y a la caricatura con desparpajo. Isabel Zamora se encarga al piano de trufar la propuesta con múltiples temas, entre fandangos y seguidillas para poder recrear un baile del candil al que acude la monarca.
El movimiento que ha ideado Ana Zamora es como una espiral continua hacia dentro y hacia fuera, como una peonza que nos hipnotiza ante tanto desconcierto aristocrático. La virguería de Nao d’amores es innegable para engrandecer una obra menor de nuestro insigne dramaturgo”
DIARIOCRÍTICO.COM: “¡Incorregible España!”
José Miguel Vila (02/07/2026)
“Estupenda versión de Farsa y licencia de la reina castiza, de Valle-Inclán, que firma Nao d’amores bajo la dirección de Ana Zamora. Y no se formen prejuicios al respecto porque la pieza es una auténtica sátira, una burla, un cachondeo, un dislate que refleja fielmente la realidad de la España de Isabel II -y, si me apuran, también la de Alfonso XII, Alfonso XIII...-, y la de nuestros días, un esperpento de los que causa vergüenza ajena porque entonces como ahora la corrupción y la doble moral están al servicio de una época decadente y absurda, en donde la miseria moral y económica de quienes rigen nuestros destinos campa libre por sus faltas constantes de respeto al ciudadano.
Portentosa, como siempre, Paula Iwasaki en el papel de la Reina Fabuloso elenco, personajes todos que atraviesan el escenario como figuras grotescas, al tiempo oportunistas, brillantes, vivas y desternillantes que lo mismo cantan, que bailan, gesticulan o animan al público desde un principio a meterse en escena y hasta a tararear el himno nacional español para que nadie entienda que lo que ahí sucede fue cosa de un tiempo pasado o de un país imaginario, sino todo lo contrario. Los personajes, repletos de contradicciones, exageran y deforman la realidad a través del humor, al tiempo que se adentran en ella con un lenguaje festivo y popular…”
GODOT: “Un juguete para jugar en serio”
José Antonio Alba (02/07/2026)
“La corrupción del poder, la fuerza de la farsa y la capacidad del teatro para mirar el presente a través del pasado se cruzan en Farsa y licencia de la reina castiza. A partir de un texto menos frecuentado de Valle-Inclán, Ana Zamora se enfrenta al reto de trasladar a escena una obra que convierte la caricatura en una afilada herramienta de crítica política y social. No es solo una nueva producción, sino también una invitación a descubrir una faceta menos frecuentada de uno de los grandes dramaturgos de la literatura española.
En realidad, el encuentro con Valle-Inclán no es tan inesperado como podría parecer. Buena parte de las investigaciones escénicas de Nao d’amores han girado durante años alrededor de la farsa, los mecanismos de representación popular y las convenciones alejadas del naturalismo. Más que abandonar un territorio conocido, Nao d’amores parece ampliar sus fronteras para seguir explorando las posibilidades de un lenguaje teatral basado en la convención, el artificio y la capacidad crítica de la representación.
Hay una imagen que pone en contexto la forma de entender los procesos creativos y el estilo de vida que lleva la compañía Nao d’amores: La lavadora montada en la calle, la ropa del ensayo de ayer tendida, los talleres en un lado y el espacio sagrado en el otro. Todo este trabajo se desarrolla en el pueblo segoviano de Revenga, donde la compañía tiene su sede y donde los actores llevan concentrados desde principios de mayo. Esa forma de creación, a fuego lento y en equipo, también explica la relación de Nao d’amores con el riesgo. Lejos de acomodarse en fórmulas probadas, Zamora reivindica la necesidad de seguir explorando”
PRENSA SOCIAL: “Una ensoñación fascinante”
Luis de Luis Otero (01/07/2026)
“Ana Zamora crea una ensoñación fascinante que se recorre como un minué de cascabeles que bailan al compás de un clavecín o de una botella de anís una reata de personajes tan patéticos como inconscientes, tan ególatras como inconsecuentes, tan avariciosos como alunados, tan ahítos de luna como ansiosos de deseo. Y la función se vuelve un correcalles de endriagos y duendes, de vecindonas y miserables, de desahuciados y tontilocas, que pierden todo sentido bailando el corro de la patata y tropezando con los faldones de una reina insensata a rebosar, encantadora de vanidad y descabaladamente radiante”
NO SOY COMO PIENSAS: “Puro guiñol”
Sergio Hernández (30/06/2026).
El elenco está de dulce, decir cualquier otra cosa sería un demérito por mi parte. El impecable manejo del verso, en el que se nota la mano del asesor Vicente Fuentes, se ejecuta con el dinamismo que requiere la obra; además, los actores sortean con habilidad el nutrido campo de minas que ha sembrado Valle-Inclán en forma de vocablos cachondos y alambicados, sacados de todo tipo de jergas. La esencia de este espectáculo es puro guiñol, una antesala del esperpento.
La dirección escénica es tremendamente exigente desde el punto de vista físico, pues el elenco se pega un buen tute durante toda la representación; quien haya leído la obra de Valle-Inclán no podrá por menos de admirar cómo la directora ha mantenido la celeridad dialéctica, unida a una energía en movimiento continuo, pues hasta los roles aparentemente estáticos sorprenden con sus gestos y reacciones. Todo el conjunto va arropado con un fino trabajo de iluminación y por la interpretación musical de Isabel Zamora al piano, quien crea un fondo sonoro idóneo para la representación.
Aunque la compañía Nao d’amores se haya labrado un nombre como especialista en el teatro prebarroco, sus incursiones en épocas teatrales posteriores están rayando a un nivel muy elevado, por lo que saludo la versatilidad de Ana Zamora, su fundadora y directora, para entender, elaborar y plasmar piezas tan diversas. Esta es una obra breve, de apenas una hora de duración, que se paladea con gusto. Su respeto por el lenguaje de Valle-Inclán sirve al espectador un copioso bufé de crítica y mordacidad que atiza a propios extraños sobre una mesa de escenografía sorprendente e imaginativa en la que un grupo de excelentes actores demuestran su habilidad para hacer justicia al ínclito escritor gallego.
TEATRO MADRID: “¡Pura farsa actual! Una joya de teatro esencial”
Bea López (29/06/2026)
“Una absoluta belleza de espectáculo de principio a fin. Qué delicia de ejercicio teatral artesano. Todo funciona como un reloj; cada elemento y todo lo que ocurre en escena está cargado de significado. La compañía segoviana ha vuelto a salir de su zona de confort, se ha vuelto a desafiar y, sin duda, se aprecia el riesgo y el coraje. El montaje es completamente distinto a lo que han hecho antes, pero sigue brillando el sello de Nao, un código escénico propio que entiende el teatro en su forma más fundamental, la que nos conecta con el rito y con la verdad escénica.
Una sátira feroz que está dominada por la caricatura de la realidad, por la burla de lo grotesco ya degradado, por la sátira y la deformación. Domina la risa, lo absurdo y el ridículo. La sociedad convertida en un retablo de fantoches. Valle sigue resonando muy fuerte hoy y lo necesitamos más que nunca. Y esto una vez más lo ha entendido a la perfección Ana Zamora.
El espectáculo es una clase magistral de teatro, el esencial, el que conecta con nuestras entrañas; un trabajo pulcro e impecable. Se aprecia muchísimo la entrega de todo el equipo en un montaje muy exigente y cuidado. Un espectáculo divertido, descarado, ácido donde el ambiente carnavalesco y el guiñol convierten la escena en una despiadada farsa en la que Valle no deja, literalmente, títere con cabeza.
Todo está muy trabajado en una producción que revela la hondura de un proceso previo y exhaustivo de investigación al que se le ha dedicado tiempo, mimo e intención. A nivel textual, Ana Zamora ha realizado una excelente labor de dramaturgia que ha permitido aligerar el texto, aportándole aún más dinamismo y sin hacerle perder sentido.
Como es habitual la música destaca en las producciones de Nao. Las letras de las canciones son originales, no forman parte del texto de Valle y son un grandísimo acierto. Siempre en directo, aportan vivacidad e inciden en el lenguaje satírico del conjunto de la obra. Pero toda la dramaturgia musical está concebida en su conjunto como un elemento más del espectáculo y guarda una coherencia tímbrica y argumental.
La escenografía es una maravilla. El vestuario y la iluminación también están cuidados al detalle. La luz contribuye a potenciar las imágenes que crean muchas de las escenas lo que permite acentuar la intención crítica del mensaje que engloba toda la obra.
El reparto es un nuevo acierto. Todos brillan y existe un equilibrio de solvencia escénica que hace posible que el espectador goce de un trabajo coral excelente. Cuando esto sucede es un verdadero deleite y un regalo. Hacen de la limitación una virtud, dando vida a un ritmo vertiginoso a una multiplicidad de personajes tan diferentes como disparatados con un dominio de ese lenguaje valleinclanesco tan punzante, tan bello, tan dialectal, tan único que, si bien hoy nos puede resultar muy distante, sigue estando muy cercano a lo que sucede en la calle. Sobresale la armonía del talento, el rigor, el trabajo y la complicidad de un equipo entregado a un espectáculo que desborda mucha pasión por el teatro como arte y oficio.
Es pura farsa actual, una joya de teatro esencial, una auténtica delicia de teatro con mayúsculas con la que Nao d’amores demuestra una vez más que es posible seguir creyendo en este arte milenario y mirando a nuestros clásicos desde nuestra contemporaneidad”
URBAN BEAT: “Una sátira feroz contra el poder”
Sonia Luna (24/07/2026)
“La obra llega como una inmersión en la España isabelina, pero su verdadera fuerza reside en la capacidad de convertir aquel tiempo histórico en una imagen incómodamente reconocible. Ana Zamora asume ese material desde una mirada contemporánea. Su propuesta recupera esa energía crítica sin reducir la obra a una pieza de museo. El montaje plantea un diálogo directo con el presente desde la conciencia de que ciertos ciclos históricos parecen repetirse generación tras generación.
La puesta en escena reúne un equipo artístico que refuerza la dimensión plástica, sonora y corporal del montaje. La llegada de Nao d’amores al Teatro Español añade otro elemento relevante. La compañía segoviana, reconocida por su trabajo con materiales escénicos de raíz histórica, se presenta por primera vez en este espacio municipal a través de una obra que exige precisión filológica, imaginación teatral y conciencia crítica. En manos de Ana Zamora, Valle-Inclán aparece como un autor vivo, capaz de intervenir todavía en la conversación pública desde una lengua que incomoda, divierte y desnuda”
QUE REVIENTEN LOS ARTISTAS: “Exquisito banquete escénico”
Adolfo Simón
“Ana Zamora, fiel a su sello personal, elige un elenco potente con el que puede jugar en ese teatro de guiñol humano, donde las figuras se desdoblan y se multiplican a máscara descubierta. Una pieza frenética a ritmo de música y canciones populares. Un exquisito banquete escénico”
El Teatro Español, produce, en coproducción con Nao d´amores, a través de su línea contemporánea Navegando hacia el presente, la Farsa y licencia de la reina castiza, de Ramón del Valle-Inclán.
Se trata de una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco. En un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral.
Valle-Inclán utiliza el esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.
Teatro Español
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ESPAÑA, RIDÍCULO TEATRILLO DE GUIÑOL
La metáfora del Theatrum mundi remite, para aquellos que nos dedicamos habitualmente al teatro clásico, a un sentido calderoniano, reverencial, teológico. Por eso, no deja de ser gozoso enfrentarse a la obra de Valle- Inclán, quien, a través del tópico literario, entiende nuestra realidad más trascendente como ridículo teatrillo de guiñol, tablado de bulevar, chirigota caricaturesca reflejo de un mundo caduco, absurdo y corrupto. ¡Qué capacidad de cachondeo, de señalar la miseria nacional, de atacar los pilares de un gobierno y una sociedad que se ha convertido en retablo de fantoches! ¡Qué elocuencia a la hora de muñequizar y ridiculizar la sórdida España de la pornografía orgiástica atribuida a los Borbones, para convertirla en tablado de marionetas de afán regeneracionista!
Quizá Valle- Inclán podría ser considerado el padre del teatro documento en España, o más bien del teatro documento a la española. Aquí la denuncia política y social, no se genera en la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania de aquellos felices años 20. Farsa y licencia de la reina castiza, nos presenta una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII (coetáneo del autor), y se proyecta vivamente en nuestro presente.
Valle- Inclán es un visionario, y su teatro un juego maravilloso que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona.
Ana Zamora

LA OBRA: FARSA Y LICENCIA DE LA REINA CASTIZA
Farsa y licencia de la reina castiza (en 1920 se publica en La pluma, y en 1922 forma volumen independiente) se inclina ya decididamente por los caminos esperpénticos. La misma personalidad de la reina Isabel II, la malaventura de su matrimonio desgraciado, de sus conflictos y disgustos amorosos, etc, son vistos por Valle (volverá a tratarlos de otra forma en las novelas de El ruedo ibérico) con estética de chafarrinones, deformada y gesticulante. A pesar de la pulcritud de sus versos y de la localización en un pasado, la realidad grotesca, caricaturesca, de las aventuras reales, el tono desgarrado y zumbón nos llevan de la mano al esperpento.
El turbio chantaje a costa de unas imprudentes cartas de amor de la reina está en la base de los conflictos. Toda la maquinaria cortesana (generales, clérigos, intendentes, beatas, etc) se desmorona en abyección ante nuestro pasmo. Una ventolera de absurdos se cierne sobre la pareja real y los grandes de la corte, retratados con rasgos de animalidad. Ante el devenir de corrupciones, trampas, estulticia, etc, podemos definir la Farsa y licencia de la reina castiza, como una expedición al reino del absurdo.
Es en esta farsa donde, por primera vez, la andadura está sometida a la cruel alteración de secretos armónicos que sostienen el esperpento. Ya aquí es muy perceptible el gran descubrimiento del escritor: la lengua popular, chulesca y en perpetuo desmán, de las clases populares madrileñas.
La farsa y licencia de la reina castiza es, por añadidura, la primera aparición rotunda y consciente de la sátira política, lograda por medio de la implacable caricaturización de la historia nacional. Todas las figuras de la farsa son reconocibles. Pero todas se escapan (excepto la real pareja, claro es) a ese reconocimiento. El regate duro y oportuno que será el gran recurso del esperpento maduro está aquí. Se lanza la verdad sobre el tapete y, al ir a recogerlo, nos topamos con el esperpento dolorido de ella, pero sin un bulto corpóreo. Los muñecos de la trama se convierten en símbolos y como tales hemos de enjuiciarlos.
Alonso Zamora Vicente (1)
(1) Este texto es un extracto de la Introducción general a la Biblioteca Valle- Inclán. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990.

MÚSICAS PARA UNA REINA Y UN CANDIL
La reina castiza baila con el pueblo y se divierte entre manolos y manolas. La afición de los monarcas españoles a zafarse del protocolo palaciego para alternar con el pueblo llano es legendaria. Siguiendo esta costumbre, tan campechana y tan bien arraigada en la mitología popular, la reina castiza de Ramón María del Valle-Inclán acude a un baile de candil. El Curioso Parlante, Ramón de Mesonero Romanos, ofrece una deliciosa descripción de aquellos saraos nocturnos y semiclandestinos que satisfacían las más variadas pasiones humanas (Semanario pintoresco español, 1833). Esta premisa nos lleva al universo musical y coreográfico de la escuela bolera, donde aparecen aires característicos que conquistaron gran popularidad dentro y fuera de España durante más de un siglo. Son la esencia de la danza española, constituyen el germen de la música nacionalista y contienen fórmulas preflamencas. Entre aquellos temas se cuentan las seguidillas, el fandango, el polo, la tirana, el jaleo, las peteneras o la celebérrima cachucha, con la que Fanny Eisler triunfó en París, en 1836. Estos bailes eran un aire fresco, procedente del pueblo, que contrastaba con los ecos cortesanos del viejo régimen que se resistía a desaparecer. Hemos pintado aquellas divergencias incorporando algunas danzas barrocas que sobrevivieron en los salones palaciegos al colapso de su ecosistema, como el minueto, la zarabanda o el rigodón.
Para completar el paisaje musical, recurrimos a los toques de ordenanza y a los cantos políticos que evocan las guerras y luchas desencadenadas por las veleidades de nuestros monarcas y gobernantes. En este tapiz sonoro se entremezclan la marcha real con el himno dedicado al mariscal Rafael del Riego, El Lairón o El Trágala. La interpretación de esta última canción, en un acto celebrado en el Teatro del Príncipe (hoy Teatro Español), el 3 de septiembre de 1820, desencadenó una batería actuaciones contra los liberales.
Hemos recopilado músicas bien conocidas a lo largo del siglo XIX con temas, entre otros, de Félix Máximo López (1742–1821), Blas de Laserna (1751–1816), Manuel García (1775–1832), José Nono (1776–1845), José Melchor Gomis (1791–1836), Antonio de la Cruz (1825–1889), Álvaro Milpager (1849–1889) o Ruperto Chapí (1851–1909), así como aires populares recogidos por Isidoro Hernández (1847–1888) y Federico Olmeda (1865–1909). Las letras cantadas son, en casi todos los casos, adaptaciones de coplas populares, adecuadas a la dramaturgia propuesta por Ana Zamora para esta coproducción del Teatro Español y la Nao d’amores.
Seguro que don Ramón María, nacido en 1866, reconocería estas melodías. Para el público de hoy, resuenan con cierta familiaridad en la memoria colectiva. Este retablo valleinclanesco tiene una vocación pedagógica y política. Hereda el gusto por aquellos espejos de príncipes que advertían contra los peligros del poder y la corrupción. Bajo esta rúbrica, hemos aliñado un popurrí musical que aspira a despertar sueños, dudas e inquietudes, a agitar corazones y conciencias. Quiere ser la imagen sonora de una realidad contradictoria y grotesca, pasada y presente. El teatro pone el mundo en solfa y la vida es un fandango, así que ¡a cantar y a bailar!
Víctor Pliego de Andrés

SINOPSIS
Un pícaro llega a la corte de Isabel II, con la intención de chantajear a la reina con unas cartas subidas de tono, firmadas por ella, que revelan su conducta licenciosa. El rey, al enterarse, busca obtener su propio beneficio de la situación, desencadenando intrigas en palacio. Las distintas camarillas de la corte se enfrentan en un ambiente de corrupción y doble moral, pero finalmente aceptan el chantaje y se unen para ocultar sus miserias.

EL AUTOR: RAMÓN MARÍA DEL VALLE- INCLÁN.
Entre todos los escritores de la generación del 98, Ramón del Valle- Inclán destaca por la extraordinaria altura de su creación artística. Comenzó siendo un fervoroso adalid del modernismo, con la máxima aportación de la literatura en español a esa corriente: las cuatro Sonatas. Hombre de teatro se replanteó, con viveza y valentía, la renovación de la escena (La marquesa Rosalinda, Farsa y licencia de la reina castiza, la trilogía de las Comedias bárbaras, Divinas palabras, etc). Gran novelista ya desde su juventud (las citadas Sonatas, la trilogía de La guerra carlista), dedicó formidables esfuerzos a la transformación de la lengua narrativa, incorporando a su discurso literario las innumerables variable léxicas del español americano (Tirano Banderas, considerada la mayor creación novelesca del siglo en nuestra lengua). Anheló novelar la compleja y apasionante historia de los finales del reinado de Isabel II (El ruedo ibérico), empresa que desgraciadamente interrumpió la muerte del escritor.
Dentro de su trayectoria literaria, sobresale la invención del esperpento. Manifestación teatral dialogada, del desgarro expresivo, de la voz del hampa y de la marginación, el esperpento, más grito patético que sosegada meditación, está puesto al servicio de una implacable revisión crítica de la sociedad española, de sus defectos, sus creencias y sus actitudes artísticas, políticas, etc. Eso son Luces de bohemia, Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán (agrupados los tres últimos bajo el título Martes de Carnaval), trozos de la realidad próxima que nos unen al mejor Quevedo y, en general, a la aguda mirada de los clásicos.
Setenta años de vida fructífera, dedicada con exclusivo empeño a la literatura. Mezcla extraña y atrayente de gran señor decimonónico y de intelectual de avanzadilla, vivió en libro, literariamente, personaje central de su propia aventura, en la que no faltaron ribetes de llamativa resonancia. Hombre de teatro, actor, crítico acerado y mordaz, autor de un teatro que se convierte en vanguardia demoledora…. pero es que incluso en toda su obra en prosa la teatralización es característica inherente y capital. El teatro está en lo más hondo de la sensibilidad literaria de nuestro autor.
Con el transcurso del tiempo, la obra de Ramón del Valle- Inclán se ha ido agigantando hasta adquirir las dimensiones de un fenómeno irrepetible en las letras hispánicas, siendo ya un clásico.
Alonso Zamora Vicente (1)
(1) Este texto es un extracto de la Introducción general a la Biblioteca Valle- Inclán. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990.

Texto Versión y dirección Intérpretes Voz y palabra Dirección musical Vestuario Espacio escénico y trabajo de objetos Iluminación Coreografía Ayte. de dirección Ayte. de dirección musical | Ayte. de escenografía y vestuario Realización de escenografía Realización de Vestuario Diseño y realización de sombreros Diseño y realización del suelo Relaciones públicas Nao d´amores Coordinación técnica Nao d’amores Distribución Producción Nao d’amores Producción Duración: 60 minutos |
A la memoria de Luis Martín

Una producción del Teatro Español y Nao d´amores

LA CRÍTICA HA DICHO…
EL PAÍS (BABELIA): “Sexo, negocios y campechanía”.
Javier Vallejo (17/07/2026)
“La función está ambientada con buen gusto, puesta en escena con finura y resuelta con ingenio. Es uno de los mejores trabajos de Nao d’amores, compañía especializada en el teatro renacentista y medieval, que en esta ocasión ha cambiado de época, pero no de registro. Si en Farsa y licencia…, Valle-Inclán concilia el verso modernista con el vocabulario callejero, Zamora sirve esa mezcla mordaz combinando visión plástica con sentido del ritmo. Las coplas populares decimonónicas, le imprimen al espectáculo un vuelo gracioso y ligero. Al público le encantó y no es para menos”
ABC: “Sátira de trazo fino”.
Julio Bravo (02/ 07 / 2026)
“Tres adjetivos: cómica, breve y satírica se pueden aplicar perfectamente a la obra que acaba de estrenarse en el Teatro Español. Se trata, vaya por delante, de un magnífico espectáculo, que huye del trazo grueso -tan tentador en estos casos-, elegantemente vulgar y cuidado al máximo en todos los detalles.
Hay autores, como Valle-Inclán, que merecerían estar permanentemente en cartel, y con la garantía que ofrece siempre el trabajo de Ana Zamora y su compañía Nao d'amores.
No es frecuente que la directora segoviana y su equipo salgan «de la cueva renacentista» -Eduardo Vasco dixit-, pero a la vista de los resultados no estaría mal que lo hiciera más a menudo. Sobre una versión propia reducida a una hora, Ana Zamora construye una función tan esencial como profunda, tan ligera como reflexiva, tan divertida como ácida; y, sobre todo, viva, muy viva.
Se suele decir que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, y algo de infantil hay en el juego que propone Ana Zamora, con una puesta en escena guiñolesca y ferozmente 'inocente'. Con esta historia, escrita en verso, la directora crea un espectáculo lleno de gracia, de garbo y de inteligencia, sobrio y entretenido, desvergonzado y elegantemente procaz; tiene Ana Zamora la inteligencia de no subrayar ni buscar la fácil complicidad de las similitudes con la actualidad. Así, sobre todo brilla la palabra resplandeciente de Valle-Inclán, con un lenguaje -acotaciones incluidas- que son fuegos artificiales, especialmente en estos tiempos en los que tanto se ha degradado.
Sobre todo si se dice con la preciosidad con la que lo hacen los intérpretes de este montaje, afinados todoterrenos que se expresan a través de la palabra, la música y el baile convertidos en guiñoles bufonescos, en caricaturas vistas a través de los espejos del Callejón del Gato, y que convierten el cuidadísimo espectáculo en una fiesta teatral de primer orden”
LA RAZÓN: “Jugando con Valle- Inclán”
Raúl Losánez (02/07/2026)
“Resulta verdaderamente esperanzador que alguien como Ana Zamora, haciendo lo que hace, lleve ya tanto tiempo familiarizada con el éxito. Es esperanzador para cualquier amante del teatro en general, que ve cómo aún es posible encontrar en la cartelera algo bueno que no sea comercial (es decir, algo original y a veces arriesgado, además de talentoso), y lo es también, a título más particular, para aquellos que se dedican profesionalmente a la creación escénica y todavía no han rendido su personalidad artística (en ocasiones se rinden por mera supervivencia) a la banalidad de las modas temáticas y estilísticas que están imponiendo en muchos lugares de la geografía española unos programadores cada vez más politizados, vagos e ignorantes.
La obra es una delicia. y lo es porque su directora se ha dedicado ante todo a privilegiar el juego teatral y a dejar que la acción se vaya enriqueciendo en ese mismo juego. Aprovechando al máximo la naturaleza guiñolesca que ya tiene la pieza en su origen, Zamora ha ido con inteligencia a la esencia de esos personajes, al “esquema” humano de cada uno, independiente de su identidad, y les ha infundido un nuevo aliento de vida dentro de unas coordenadas muy delimitadas, pero, al mismo tiempo, muy generales. Por supuesto, ha contado con un estupendo y aplicadísimo elenco que hace un trabajo admirable -y muy coral- tanto en lo que respecta al texto como al movimiento y a la manipulación de objetos.
Igualmente destacable es la labor de todo el equipo artístico, para dar empaque y belleza a algo en apariencia tan insignificante. Cabe mencionar dentro de él al iluminador Juan Gómez-Cornejo, a la vestuarista Deborah Macías o al escenógrafo David Faraco. Lo mejor: La complejísima sencillez de una propuesta en la que todo está perfectamente medido y cuidado”
EL ESPAÑOL: “Una delicatessen de Ana Zamora”
Liz Perales (11/07/2026)
“Pocas veces se encuentra un espectáculo que logre poner en escena un texto del manco gallego de forma tan atinada en espíritu y forma y a la vez complementarlo y hacerlo crecer con aportaciones escénicas que ayudan a su comprensión y lo hacen tan gozoso.
¡Qué lección de teatro y de arte nos da Valle! ¡Qué inspirador para nuestros autores contemporáneos! Escritura elaboradísima, innovadora, cuyo acierto es también decantarse por la exageración y el cachondeo, por el andarse sin contemplaciones y asumir que la verdad no es neutra cuando se trata de enfrentar al espectador a la degradación de la sociedad de su tiempo.
La concepción escenográfica, de David Faraco, parte de un elemento genial, una crinolina o miriñaque de gran diámetro, que permite que otros personajes desaparezcan bajo él, hasta el piano en el que Isabel Zamora toca coplas y tonadillas que ilustran las transiciones de cada acto. Los actores se aplican el fuerte corsé de supermarionetas libres de psicologismo y organicidad. Actúan como muñecos, dicen magníficamente el texto y se doblan y se triplican en varios roles. Siendo fieles a la palabra de Valle, todo se comprende y resulta una auténtica delicatessen”
LA ÚLTIMA BAMBALINA: “Valle-Inclán y su Farsa con una impecable versión dirigida por Ana Zamora”. José Luis González Subías (17/07/2026)
“Ana Zamora ha creado de nuevo un montaje de un exquisito estilismo y un depurado gusto estético, donde la plasticidad de las formas, el inteligente y polivalente uso de los objetos en escena, el acompañamiento musical, el delicado trato del lenguaje y el formidable trabajo actoral de los seis intérpretes que componen el reparto, constituyen un engranaje armonioso y perfecto, donde todo funciona al unísono, con magnífica precisión y ritmo.
Una auténtica lección de cómo debe versionarse un texto ajeno, respetándolo y haciendo que sus galas y valores luzcan aún más ante el público contemporáneo. Los actores crean con su talento interpretativo, y su depurada técnica, un fantástico escenario donde el juego y la charlotada -perfectamente medidos en este orquestado mecanismo bufo- se imponen y transmiten al público, que sigue con interés las peripecias de una reina Isabel II, en su versión más "castiza" y populachera, a quien da vida una Paula Iwasaki que lo borda.
La mirada lanzada hace cien años por Valle-Inclán al siglo XIX parece dirigida tanto al pasado como al futuro, pues las palabras y situaciones que caricaturiza, y critica, siguen teniendo hoy plena validez. Si aún no han visto esta reina castiza, no dejen de hacerlo; les espera una gran obra teatral y un excelente montaje.
TRAS LA MÁSCARA: “La habitual calidad de la marca Nao d´amores”
Mario Martín Lucas (17/07/2026)
Ana Zamora versiona y dirige esta propuesta acentuando la burla, lo titiritesco y el guiñol, con una propuesta con la habitual calidad de la marca de Nao d’amores, Paula Iwasaki interpreta el rol de la Reina Isabel II, haciéndolo con la versatilidad y oficio que nos tiene acostumbrados, junto a ella completan el elenco algunos actores habituales en los proyectos escénicos de y Nao d’amores, alcanzando un destacado resultado actoral conjunto. Un divertimento a base de títeres, marionetas, la ironía y la sátira, que habla de poder, sexo y corrupción. Es decir, que más actual no puede ser. Un recomendable espectáculo.
HUFFPOST: “Una comedia satírica y esperpéntica sobre sexo y corrupción”
Antonio Hernández Nieto (12/07/2026)
“Nao d'amores coge una comedia de Valle-Inclán considerada menor y la hace grande para alegría del público.
El autor se da libertad para jugar con las palabras, tanto con su contenido como con su sonido, que es un gustazo escuchárselo decir al elenco. Porque los actores y actrices son buenos. No solo en el decir sino en el estar y en el moverse en escena, como es la costumbre de Nao d'amores. Y eso que esta vez se les exige ser casi títeres, marionetas histriónicas y, en cierto modo, estridentes. El elenco al completo lo consigue.
Por si eso fuera poco, se acompaña de otra marca de la casa. Una excelente selección musical que comienza con el himno de España, animando al personal a tararearlo con gracia y salero. Una música con una pianista en directo que se integra dentro de la función como un personaje más y que añade una dificultad más al elenco, la de tener que cantar, de la que los intérpretes salen con bien y muy cabareteramente, al estilo de café cantante y picante de la época en que se escribió el texto.
Ana Zamora, la directora de la obra, crea una comedia y muestra que el estilo de Nao d’amores, un estilo muy serio y respetuoso con la tradición y el conocimiento académico del teatro, es capaz de afrontar con éxito cualquier género”
ELDIARIO.ES: “Zamora consigue levantar un Valle-Inclán histórico y nunca visto. Este estreno se revela como uno de los más importantes de la temporada”
Pablo Caruana. 09/07/2026
“Valle-Inclán ha renacido en escena con este estreno. Un Valle más Valle que nunca y nuevo a la vez. La culpable es Ana Zamora y su compañía Nao d’amores.
Valle muestra la decadencia moral y política de la corte en todos sus estamentos. Convierte la corte en un gran guiñol, tan vivo como abyecto. Todo eso recoge Zamora.
Qué importante es la música en esta compañía. Y en esta ocasión, con Isabel Zamora al piano, la música vuelve a relanzar el montaje, a elevarlo al conseguir iluminar los hilos que unen la prosa de Valle con el arte popular. Y es que Zamora sabe fusionar como nadie la investigación y la creación. La combinación del rigor con una clara apuesta por la creación (tanto a nivel actoral, de vestuario, de concepción espacial y de dramaturgia) consiguen que la directora alcance hallazgos memorables.
Pero los hallazgos caen uno detrás de otro. Quizá el mayor esté en la manera de tratar actoralmente lo guiñolesco sin que se llegue a robotizar la mecánica del actor, sin caer nunca en la caricatura, salvando al personaje siempre.
El secreto de este montaje está en la medida. En tratar todo con equilibrio, con mala leche, pero sin llegar a la caricatura que reste vida y juego.
Todo el elenco está magnífico. Por último, señalar la escenografía y el vestuario a cargo de Deborah Macias y David Faraco. Son descomunales. Y lo son porque están entregados al juego escénico al mismo tiempo que a la metáfora.
Este montaje debería girar por toda España y que el pueblo pueda mirar a su autor renacido, con fuerza, tan teatral como vanguardista, tan barriobajero como excelso. En este último agraciado trienio teatral, en el que hemos visto tres muy buenos valles destaca sobre manera esta farsa, por innovadora, valiente e iluminadora”
EL PEQUEÑO ESPECTADOR: “De Valle- Inclán y Ana Zamora”.
Jesús Eguía Amenteros. (08/07/2026)
“Si esta farsa es de las más dificultosas en el terreno del lenguaje, mayor es la gracia del reparto de este montaje que, desde los primeros minutos, logra que aprendamos a masticar y, al rato, a saborear, tragar e incluso digerir un idioma más ancho que Castilla. Y ahí también toca aplaudir tanto al ya mítico maestro de la palabra Vicente Fuentes, como a doña Ana Zamora. Su puesta en escena lleva su sello: limpia, exacta, con una estética cuadrada que desarrolla la acción en cada detalle.
Los actores de Ana Zamora operan como marionetistas de sí mismos y de todos los sentados en la sala. Y si todo el equipo del montaje ejecuta una obra de Arte, punto y aparte merece la actriz encargada de detonar el tomate, Aisa Pérez y la bestialidad interpretativa que realiza en la que pasa por todo lo pasable, por dentro y por fuera, una brillantez en la que uno sale del teatro preguntándose cuándo podrá volver a sentarse ante una actriz así.
Y ante todo ello, escribo estas letras como una llamada, una propagación de la maravilla que sería para cualquiera, pero más aún para un peninsular en Bachillerato al que ahora mismo se ofrece descubrir lo qué es realmente esa cosa llamada Valle Inclán que obligan a estudiar, esas páginas de teatro a veces incomprensibles, raras, ¿freaks? Aseguro que el bachiller que se siente ante este montaje ya no volverá a leer de la misma manera esas páginas con frases raras y acotaciones inmensas. Aquello ya no serán páginas sino… una bestialidad infinitamente más dura, cachonda, bestial que todos los vídeos de Tiktok reunidos en un megamix. No os la perdáis”
KRITILO: “Un artilugio satírico representado con virtuosismo”
Ángel Esteban Monje. (04/07/2026)
“Paula Iwasaki, encarna a Paquita, con esos pómulos colorados que llevan todos, con arte excepcional, pues se ajusta al cante, a la danza con castañuelas y a la caricatura con desparpajo. Isabel Zamora se encarga al piano de trufar la propuesta con múltiples temas, entre fandangos y seguidillas para poder recrear un baile del candil al que acude la monarca.
El movimiento que ha ideado Ana Zamora es como una espiral continua hacia dentro y hacia fuera, como una peonza que nos hipnotiza ante tanto desconcierto aristocrático. La virguería de Nao d’amores es innegable para engrandecer una obra menor de nuestro insigne dramaturgo”
DIARIOCRÍTICO.COM: “¡Incorregible España!”
José Miguel Vila (02/07/2026)
“Estupenda versión de Farsa y licencia de la reina castiza, de Valle-Inclán, que firma Nao d’amores bajo la dirección de Ana Zamora. Y no se formen prejuicios al respecto porque la pieza es una auténtica sátira, una burla, un cachondeo, un dislate que refleja fielmente la realidad de la España de Isabel II -y, si me apuran, también la de Alfonso XII, Alfonso XIII...-, y la de nuestros días, un esperpento de los que causa vergüenza ajena porque entonces como ahora la corrupción y la doble moral están al servicio de una época decadente y absurda, en donde la miseria moral y económica de quienes rigen nuestros destinos campa libre por sus faltas constantes de respeto al ciudadano.
Portentosa, como siempre, Paula Iwasaki en el papel de la Reina Fabuloso elenco, personajes todos que atraviesan el escenario como figuras grotescas, al tiempo oportunistas, brillantes, vivas y desternillantes que lo mismo cantan, que bailan, gesticulan o animan al público desde un principio a meterse en escena y hasta a tararear el himno nacional español para que nadie entienda que lo que ahí sucede fue cosa de un tiempo pasado o de un país imaginario, sino todo lo contrario. Los personajes, repletos de contradicciones, exageran y deforman la realidad a través del humor, al tiempo que se adentran en ella con un lenguaje festivo y popular…”
GODOT: “Un juguete para jugar en serio”
José Antonio Alba (02/07/2026)
“La corrupción del poder, la fuerza de la farsa y la capacidad del teatro para mirar el presente a través del pasado se cruzan en Farsa y licencia de la reina castiza. A partir de un texto menos frecuentado de Valle-Inclán, Ana Zamora se enfrenta al reto de trasladar a escena una obra que convierte la caricatura en una afilada herramienta de crítica política y social. No es solo una nueva producción, sino también una invitación a descubrir una faceta menos frecuentada de uno de los grandes dramaturgos de la literatura española.
En realidad, el encuentro con Valle-Inclán no es tan inesperado como podría parecer. Buena parte de las investigaciones escénicas de Nao d’amores han girado durante años alrededor de la farsa, los mecanismos de representación popular y las convenciones alejadas del naturalismo. Más que abandonar un territorio conocido, Nao d’amores parece ampliar sus fronteras para seguir explorando las posibilidades de un lenguaje teatral basado en la convención, el artificio y la capacidad crítica de la representación.
Hay una imagen que pone en contexto la forma de entender los procesos creativos y el estilo de vida que lleva la compañía Nao d’amores: La lavadora montada en la calle, la ropa del ensayo de ayer tendida, los talleres en un lado y el espacio sagrado en el otro. Todo este trabajo se desarrolla en el pueblo segoviano de Revenga, donde la compañía tiene su sede y donde los actores llevan concentrados desde principios de mayo. Esa forma de creación, a fuego lento y en equipo, también explica la relación de Nao d’amores con el riesgo. Lejos de acomodarse en fórmulas probadas, Zamora reivindica la necesidad de seguir explorando”
PRENSA SOCIAL: “Una ensoñación fascinante”
Luis de Luis Otero (01/07/2026)
“Ana Zamora crea una ensoñación fascinante que se recorre como un minué de cascabeles que bailan al compás de un clavecín o de una botella de anís una reata de personajes tan patéticos como inconscientes, tan ególatras como inconsecuentes, tan avariciosos como alunados, tan ahítos de luna como ansiosos de deseo. Y la función se vuelve un correcalles de endriagos y duendes, de vecindonas y miserables, de desahuciados y tontilocas, que pierden todo sentido bailando el corro de la patata y tropezando con los faldones de una reina insensata a rebosar, encantadora de vanidad y descabaladamente radiante”
NO SOY COMO PIENSAS: “Puro guiñol”
Sergio Hernández (30/06/2026).
El elenco está de dulce, decir cualquier otra cosa sería un demérito por mi parte. El impecable manejo del verso, en el que se nota la mano del asesor Vicente Fuentes, se ejecuta con el dinamismo que requiere la obra; además, los actores sortean con habilidad el nutrido campo de minas que ha sembrado Valle-Inclán en forma de vocablos cachondos y alambicados, sacados de todo tipo de jergas. La esencia de este espectáculo es puro guiñol, una antesala del esperpento.
La dirección escénica es tremendamente exigente desde el punto de vista físico, pues el elenco se pega un buen tute durante toda la representación; quien haya leído la obra de Valle-Inclán no podrá por menos de admirar cómo la directora ha mantenido la celeridad dialéctica, unida a una energía en movimiento continuo, pues hasta los roles aparentemente estáticos sorprenden con sus gestos y reacciones. Todo el conjunto va arropado con un fino trabajo de iluminación y por la interpretación musical de Isabel Zamora al piano, quien crea un fondo sonoro idóneo para la representación.
Aunque la compañía Nao d’amores se haya labrado un nombre como especialista en el teatro prebarroco, sus incursiones en épocas teatrales posteriores están rayando a un nivel muy elevado, por lo que saludo la versatilidad de Ana Zamora, su fundadora y directora, para entender, elaborar y plasmar piezas tan diversas. Esta es una obra breve, de apenas una hora de duración, que se paladea con gusto. Su respeto por el lenguaje de Valle-Inclán sirve al espectador un copioso bufé de crítica y mordacidad que atiza a propios extraños sobre una mesa de escenografía sorprendente e imaginativa en la que un grupo de excelentes actores demuestran su habilidad para hacer justicia al ínclito escritor gallego.
TEATRO MADRID: “¡Pura farsa actual! Una joya de teatro esencial”
Bea López (29/06/2026)
“Una absoluta belleza de espectáculo de principio a fin. Qué delicia de ejercicio teatral artesano. Todo funciona como un reloj; cada elemento y todo lo que ocurre en escena está cargado de significado. La compañía segoviana ha vuelto a salir de su zona de confort, se ha vuelto a desafiar y, sin duda, se aprecia el riesgo y el coraje. El montaje es completamente distinto a lo que han hecho antes, pero sigue brillando el sello de Nao, un código escénico propio que entiende el teatro en su forma más fundamental, la que nos conecta con el rito y con la verdad escénica.
Una sátira feroz que está dominada por la caricatura de la realidad, por la burla de lo grotesco ya degradado, por la sátira y la deformación. Domina la risa, lo absurdo y el ridículo. La sociedad convertida en un retablo de fantoches. Valle sigue resonando muy fuerte hoy y lo necesitamos más que nunca. Y esto una vez más lo ha entendido a la perfección Ana Zamora.
El espectáculo es una clase magistral de teatro, el esencial, el que conecta con nuestras entrañas; un trabajo pulcro e impecable. Se aprecia muchísimo la entrega de todo el equipo en un montaje muy exigente y cuidado. Un espectáculo divertido, descarado, ácido donde el ambiente carnavalesco y el guiñol convierten la escena en una despiadada farsa en la que Valle no deja, literalmente, títere con cabeza.
Todo está muy trabajado en una producción que revela la hondura de un proceso previo y exhaustivo de investigación al que se le ha dedicado tiempo, mimo e intención. A nivel textual, Ana Zamora ha realizado una excelente labor de dramaturgia que ha permitido aligerar el texto, aportándole aún más dinamismo y sin hacerle perder sentido.
Como es habitual la música destaca en las producciones de Nao. Las letras de las canciones son originales, no forman parte del texto de Valle y son un grandísimo acierto. Siempre en directo, aportan vivacidad e inciden en el lenguaje satírico del conjunto de la obra. Pero toda la dramaturgia musical está concebida en su conjunto como un elemento más del espectáculo y guarda una coherencia tímbrica y argumental.
La escenografía es una maravilla. El vestuario y la iluminación también están cuidados al detalle. La luz contribuye a potenciar las imágenes que crean muchas de las escenas lo que permite acentuar la intención crítica del mensaje que engloba toda la obra.
El reparto es un nuevo acierto. Todos brillan y existe un equilibrio de solvencia escénica que hace posible que el espectador goce de un trabajo coral excelente. Cuando esto sucede es un verdadero deleite y un regalo. Hacen de la limitación una virtud, dando vida a un ritmo vertiginoso a una multiplicidad de personajes tan diferentes como disparatados con un dominio de ese lenguaje valleinclanesco tan punzante, tan bello, tan dialectal, tan único que, si bien hoy nos puede resultar muy distante, sigue estando muy cercano a lo que sucede en la calle. Sobresale la armonía del talento, el rigor, el trabajo y la complicidad de un equipo entregado a un espectáculo que desborda mucha pasión por el teatro como arte y oficio.
Es pura farsa actual, una joya de teatro esencial, una auténtica delicia de teatro con mayúsculas con la que Nao d’amores demuestra una vez más que es posible seguir creyendo en este arte milenario y mirando a nuestros clásicos desde nuestra contemporaneidad”
URBAN BEAT: “Una sátira feroz contra el poder”
Sonia Luna (24/07/2026)
“La obra llega como una inmersión en la España isabelina, pero su verdadera fuerza reside en la capacidad de convertir aquel tiempo histórico en una imagen incómodamente reconocible. Ana Zamora asume ese material desde una mirada contemporánea. Su propuesta recupera esa energía crítica sin reducir la obra a una pieza de museo. El montaje plantea un diálogo directo con el presente desde la conciencia de que ciertos ciclos históricos parecen repetirse generación tras generación.
La puesta en escena reúne un equipo artístico que refuerza la dimensión plástica, sonora y corporal del montaje. La llegada de Nao d’amores al Teatro Español añade otro elemento relevante. La compañía segoviana, reconocida por su trabajo con materiales escénicos de raíz histórica, se presenta por primera vez en este espacio municipal a través de una obra que exige precisión filológica, imaginación teatral y conciencia crítica. En manos de Ana Zamora, Valle-Inclán aparece como un autor vivo, capaz de intervenir todavía en la conversación pública desde una lengua que incomoda, divierte y desnuda”
QUE REVIENTEN LOS ARTISTAS: “Exquisito banquete escénico”
Adolfo Simón
“Ana Zamora, fiel a su sello personal, elige un elenco potente con el que puede jugar en ese teatro de guiñol humano, donde las figuras se desdoblan y se multiplican a máscara descubierta. Una pieza frenética a ritmo de música y canciones populares. Un exquisito banquete escénico”









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