FARSA Y LICENCIA DE LA REINA CASTIZA
de Ramón del Valle Inclán
Coproducido por Nao d´amores y el Teatro Español
INTRODUCCION
El Teatro Español, produce, en coproducción con Nao d´amores, a través de su línea contemporánea Navegando hacia el presente, la Farsa y licencia de la reina castiza, de Ramón del Valle-Inclán.
Se trata de una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco. En un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral.
Valle-Inclán utiliza el esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.
Teatro Español
____________
ESPAÑA, RIDÍCULO TEATRILLO DE GUIÑOL
La metáfora del Theatrum mundi remite, para aquellos que nos dedicamos habitualmente al teatro clásico, a un sentido calderoniano, reverencial, teológico. Por eso, no deja de ser gozoso enfrentarse a la obra de Valle- Inclán, quien, a través del tópico literario, entiende nuestra realidad más trascendente como ridículo teatrillo de guiñol, tablado de bulevar, chirigota caricaturesca reflejo de un mundo caduco, absurdo y corrupto. ¡Qué capacidad de cachondeo, de señalar la miseria nacional, de atacar los pilares de un gobierno y una sociedad que se ha convertido en retablo de fantoches! ¡Qué elocuencia a la hora de muñequizar y ridiculizar la sórdida España de la pornografía orgiástica atribuida a los Borbones, para convertirla en tablado de marionetas de afán regeneracionista!
Quizá Valle- Inclán podría ser considerado el padre del teatro documento en España, o más bien del teatro documento a la española. Aquí la denuncia política y social, no se genera en la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania de aquellos felices años 20. Farsa y licencia de la reina castiza, nos presenta una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII (coetáneo del autor), y se proyecta vivamente en nuestro presente.
Valle- Inclán es un visionario, y su teatro un juego maravilloso que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona.
Ana Zamora

LA OBRA
LA OBRA: FARSA Y LICENCIA DE LA REINA CASTIZA
Farsa y licencia de la reina castiza (en 1920 se publica en La pluma, y en 1922 forma volumen independiente) se inclina ya decididamente por los caminos esperpénticos. La misma personalidad de la reina Isabel II, la malaventura de su matrimonio desgraciado, de sus conflictos y disgustos amorosos, etc, son vistos por Valle (volverá a tratarlos de otra forma en las novelas de El ruedo ibérico) con estética de chafarrinones, deformada y gesticulante. A pesar de la pulcritud de sus versos y de la localización en un pasado, la realidad grotesca, caricaturesca, de las aventuras reales, el tono desgarrado y zumbón nos llevan de la mano al esperpento.
El turbio chantaje a costa de unas imprudentes cartas de amor de la reina está en la base de los conflictos. Toda la maquinaria cortesana (generales, clérigos, intendentes, beatas, etc) se desmorona en abyección ante nuestro pasmo. Una ventolera de absurdos se cierne sobre la pareja real y los grandes de la corte, retratados con rasgos de animalidad. Ante el devenir de corrupciones, trampas, estulticia, etc, podemos definir la Farsa y licencia de la reina castiza, como una expedición al reino del absurdo.
Es en esta farsa donde, por primera vez, la andadura está sometida a la cruel alteración de secretos armónicos que sostienen el esperpento. Ya aquí es muy perceptible el gran descubrimiento del escritor: la lengua popular, chulesca y en perpetuo desmán, de las clases populares madrileñas.
La farsa y licencia de la reina castiza es, por añadidura, la primera aparición rotunda y consciente de la sátira política, lograda por medio de la implacable caricaturización de la historia nacional. Todas las figuras de la farsa son reconocibles. Pero todas se escapan (excepto la real pareja, claro es) a ese reconocimiento. El regate duro y oportuno que será el gran recurso del esperpento maduro está aquí. Se lanza la verdad sobre el tapete y, al ir a recogerlo, nos topamos con el esperpento dolorido de ella, pero sin un bulto corpóreo. Los muñecos de la trama se convierten en símbolos y como tales hemos de enjuiciarlos.
Alonso Zamora Vicente[1]
[1] Este texto es un extracto de la Introducción general a la Biblioteca Valle- Inclán. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990.

LA MÚSICA
MÚSICAS PARA UNA REINA Y UN CANDIL
La reina castiza baila con el pueblo y se divierte entre manolos y manolas. La afición de los monarcas españoles a zafarse del protocolo palaciego para alternar con el pueblo llano es legendaria. Siguiendo esta costumbre, tan campechana y tan bien arraigada en la mitología popular, la reina castiza de Ramón María del Valle-Inclán acude a un baile de candil. El Curioso Parlante, Ramón de Mesonero Romanos, ofrece una deliciosa descripción de aquellos saraos nocturnos y semiclandestinos que satisfacían las más variadas pasiones humanas (Semanario pintoresco español, 1833).
Esta premisa nos lleva al universo musical y coreográfico de la escuela bolera, donde aparecen aires característicos que conquistaron gran popularidad dentro y fuera de España durante más de un siglo. Son la esencia de la danza española, constituyen el germen de la música nacionalista y contienen fórmulas preflamencas. Entre aquellos temas se cuentan las seguidillas, el fandango, el polo, la tirana, el jaleo, las peteneras o la celebérrima cachucha, con la que Fanny Eisler triunfó en París, en 1836. Estos bailes eran un aire fresco, procedente del pueblo, que contrastaba con los ecos cortesanos del viejo régimen que se resistía a desaparecer. Hemos pintado aquellas divergencias incorporando algunas danzas barrocas que sobrevivieron en los salones palaciegos al colapso de su ecosistema, como el minueto, la zarabanda o el rigodón.
Para completar el paisaje musical, recurrimos a los toques de ordenanza y a los cantos políticos que evocan las guerras y luchas desencadenadas por las veleidades de nuestros monarcas y gobernantes. En este tapiz sonoro se entremezclan la marcha real con el himno dedicado al mariscal Rafael del Riego, El Lairón o El Trágala. La interpretación de esta última canción, en un acto celebrado en el Teatro del Príncipe (hoy Teatro Español), el 3 de septiembre de 1820, desencadenó una batería actuaciones contra los liberales.
Hemos recopilado músicas bien conocidas a lo largo del siglo XIX con temas, entre otros, de Félix Máximo López (1742–1821), Blas de Laserna (1751–1816), Manuel García (1775–1832), José Nono (1776–1845), José Melchor Gomis (1791–1836), Antonio de la Cruz (1825–1889), Álvaro Milpager (1849–1889) o Ruperto Chapí (1851–1909), así como aires populares recogidos por Isidoro Hernández (1847–1888) y Federico Olmeda (1865–1909). Las letras cantadas son, en casi todos los casos, adaptaciones de coplas populares, adecuadas a la dramaturgia propuesta por Ana Zamora para esta coproducción del Teatro Español y la Nao d’amores.
Seguro que don Ramón María, nacido en 1866, reconocería estas melodías. Para el público de hoy, resuenan con cierta familiaridad en la memoria colectiva. Este retablo valleinclanesco tiene una vocación pedagógica y política. Hereda el gusto por aquellos espejos de príncipes que advertían contra los peligros del poder y la corrupción. Bajo esta rúbrica, hemos aliñado un popurrí musical que aspira a despertar sueños, dudas e inquietudes, a agitar corazones y conciencias. Quiere ser la imagen sonora de una realidad contradictoria y grotesca, pasada y presente. El teatro pone el mundo en solfa y la vida es un fandango, así que ¡a cantar y a bailar!
Víctor Pliego de Andrés

SINOPSIS
SINOPSIS
Un pícaro llega a la corte de Isabel II, con la intención de chantajear a la reina con unas cartas subidas de tono, firmadas por ella, que revelan su conducta licenciosa. El rey, al enterarse, busca obtener su propio beneficio de la situación, desencadenando intrigas en palacio. Las distintas camarillas de la corte se enfrentan en un ambiente de corrupción y doble moral, pero finalmente aceptan el chantaje y se unen para ocultar sus miserias.

VALLE INCLÁN
EL AUTOR: RAMÓN MARÍA DEL VALLE- INCLÁN.
Entre todos los escritores de la generación del 98, Ramón del Valle- Inclán destaca por la extraordinaria altura de su creación artística. Comenzó siendo un fervoroso adalid del modernismo, con la máxima aportación de la literatura en español a esa corriente: las cuatro Sonatas. Hombre de teatro se replanteó, con viveza y valentía, la renovación de la escena (La marquesa Rosalinda, Farsa y licencia de la reina castiza, la trilogía de las Comedias bárbaras, Divinas palabras, etc). Gran novelista ya desde su juventud (las citadas Sonatas, la trilogía de La guerra carlista), dedicó formidables esfuerzos a la transformación de la lengua narrativa, incorporando a su discurso literario las innumerables variable léxicas del español americano (Tirano Banderas, considerada la mayor creación novelesca del siglo en nuestra lengua). Anheló novelar la compleja y apasionante historia de los finales del reinado de Isabel II (El ruedo ibérico), empresa que desgraciadamente interrumpió la muerte del escritor.
Dentro de su trayectoria literaria, sobresale la invención del esperpento. Manifestación teatral dialogada, del desgarro expresivo, de la voz del hampa y de la marginación, el esperpento, más grito patético que sosegada meditación, está puesto al servicio de una implacable revisión crítica de la sociedad española, de sus defectos, sus creencias y sus actitudes artísticas, políticas, etc. Eso son Luces de bohemia, Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán (agrupados los tres últimos bajo el título Martes de Carnaval), trozos de la realidad próxima que nos unen al mejor Quevedo y, en general, a la aguda mirada de los clásicos.
Setenta años de vida fructífera, dedicada con exclusivo empeño a la literatura. Mezcla extraña y atrayente de gran señor decimonónico y de intelectual de avanzadilla, vivió en libro, literariamente, personaje central de su propia aventura, en la que no faltaron ribetes de llamativa resonancia. Hombre de teatro, actor, crítico acerado y mordaz, autor de un teatro que se convierte en vanguardia demoledora…. pero es que incluso en toda su obra en prosa la teatralización es característica inherente y capital. El teatro está en lo más hondo de la sensibilidad literaria de nuestro autor.
Con el transcurso del tiempo, la obra de Ramón del Valle- Inclán se ha ido agigantando hasta adquirir las dimensiones de un fenómeno irrepetible en las letras hispánicas, siendo ya un clásico.
Alonso Zamora Vicente[1]
[1] Este texto es un extracto de la Introducción general a la Biblioteca Valle- Inclán. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990.

FICHA
Texto
Ramón del Valle-Inclán
Versión y dirección
Ana Zamora
Intérpretes
Miguel Ángel Amor
Paula Iwasaki
Alejandro Pau
Aisa Pérez
Rafael Ortiz
Isabel Zamora
Voz y palabra
Vicente Fuentes
Dirección musical
Víctor Pliego de Andrés
Vestuario
Deborah Macías
Espacio escénico y trabajo de objetos
David Faraco
Iluminación
Juan Gómez - Cornejo
Coreografía
Javier García Ávila
Ayte. de dirección
Alba de la Cruz
Ayte. de dirección musical
Isabel Zamora
Ayte. de escenografía y vestuario
María Teresa Ferrara
Realización de escenografía
Carpintería Santa Amalia
Ángeles Marín
David Faraco
Realización de Vestuario
Maribel Rodríguez
CRIN Escénica
Paco Cuero
Deborah Macías
Diseño y realización de sombreros
Ricardo Vergne
Diseño y realización del suelo
Richard Cenier
Relaciones públicas Nao d´amores
Josi Cortés
Coordinación técnica Nao d’amores
Fernando Herranz
Distribución
Susana Rubio
Producción Nao d’amores
Germán H. Solís
Producción
Teatro Español y Nao d’amores
Duración: 60 minutos
______________________
"a la memoria de Luis Martín"

Una producción del Teatro Español y Nao d´amores

FUNCIONES
Teatro Español
del 30 de junio al 26 de julio de 2026
ABIERTA CONTRATACIÓN
GIRA A PATIR DE AGOSTO DE 2026
Distribución
Susana Rubio - susana@nuevosplanes.com
Nao d´amores - produccion@naodamores.com

DESCARGAS
El Teatro Español, produce, en coproducción con Nao d´amores, a través de su línea contemporánea Navegando hacia el presente, la Farsa y licencia de la reina castiza, de Ramón del Valle-Inclán.
Se trata de una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco. En un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral.
Valle-Inclán utiliza el esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.
Teatro Español
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ESPAÑA, RIDÍCULO TEATRILLO DE GUIÑOL
La metáfora del Theatrum mundi remite, para aquellos que nos dedicamos habitualmente al teatro clásico, a un sentido calderoniano, reverencial, teológico. Por eso, no deja de ser gozoso enfrentarse a la obra de Valle- Inclán, quien, a través del tópico literario, entiende nuestra realidad más trascendente como ridículo teatrillo de guiñol, tablado de bulevar, chirigota caricaturesca reflejo de un mundo caduco, absurdo y corrupto. ¡Qué capacidad de cachondeo, de señalar la miseria nacional, de atacar los pilares de un gobierno y una sociedad que se ha convertido en retablo de fantoches! ¡Qué elocuencia a la hora de muñequizar y ridiculizar la sórdida España de la pornografía orgiástica atribuida a los Borbones, para convertirla en tablado de marionetas de afán regeneracionista!
Quizá Valle- Inclán podría ser considerado el padre del teatro documento en España, o más bien del teatro documento a la española. Aquí la denuncia política y social, no se genera en la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania de aquellos felices años 20. Farsa y licencia de la reina castiza, nos presenta una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII (coetáneo del autor), y se proyecta vivamente en nuestro presente.
Valle- Inclán es un visionario, y su teatro un juego maravilloso que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona.
Ana Zamora

LA OBRA: FARSA Y LICENCIA DE LA REINA CASTIZA
Farsa y licencia de la reina castiza (en 1920 se publica en La pluma, y en 1922 forma volumen independiente) se inclina ya decididamente por los caminos esperpénticos. La misma personalidad de la reina Isabel II, la malaventura de su matrimonio desgraciado, de sus conflictos y disgustos amorosos, etc, son vistos por Valle (volverá a tratarlos de otra forma en las novelas de El ruedo ibérico) con estética de chafarrinones, deformada y gesticulante. A pesar de la pulcritud de sus versos y de la localización en un pasado, la realidad grotesca, caricaturesca, de las aventuras reales, el tono desgarrado y zumbón nos llevan de la mano al esperpento.
El turbio chantaje a costa de unas imprudentes cartas de amor de la reina está en la base de los conflictos. Toda la maquinaria cortesana (generales, clérigos, intendentes, beatas, etc) se desmorona en abyección ante nuestro pasmo. Una ventolera de absurdos se cierne sobre la pareja real y los grandes de la corte, retratados con rasgos de animalidad. Ante el devenir de corrupciones, trampas, estulticia, etc, podemos definir la Farsa y licencia de la reina castiza, como una expedición al reino del absurdo.
Es en esta farsa donde, por primera vez, la andadura está sometida a la cruel alteración de secretos armónicos que sostienen el esperpento. Ya aquí es muy perceptible el gran descubrimiento del escritor: la lengua popular, chulesca y en perpetuo desmán, de las clases populares madrileñas.
La farsa y licencia de la reina castiza es, por añadidura, la primera aparición rotunda y consciente de la sátira política, lograda por medio de la implacable caricaturización de la historia nacional. Todas las figuras de la farsa son reconocibles. Pero todas se escapan (excepto la real pareja, claro es) a ese reconocimiento. El regate duro y oportuno que será el gran recurso del esperpento maduro está aquí. Se lanza la verdad sobre el tapete y, al ir a recogerlo, nos topamos con el esperpento dolorido de ella, pero sin un bulto corpóreo. Los muñecos de la trama se convierten en símbolos y como tales hemos de enjuiciarlos.
Alonso Zamora Vicente (1)
(1) Este texto es un extracto de la Introducción general a la Biblioteca Valle- Inclán. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990.

MÚSICAS PARA UNA REINA Y UN CANDIL
La reina castiza baila con el pueblo y se divierte entre manolos y manolas. La afición de los monarcas españoles a zafarse del protocolo palaciego para alternar con el pueblo llano es legendaria. Siguiendo esta costumbre, tan campechana y tan bien arraigada en la mitología popular, la reina castiza de Ramón María del Valle-Inclán acude a un baile de candil. El Curioso Parlante, Ramón de Mesonero Romanos, ofrece una deliciosa descripción de aquellos saraos nocturnos y semiclandestinos que satisfacían las más variadas pasiones humanas (Semanario pintoresco español, 1833). Esta premisa nos lleva al universo musical y coreográfico de la escuela bolera, donde aparecen aires característicos que conquistaron gran popularidad dentro y fuera de España durante más de un siglo. Son la esencia de la danza española, constituyen el germen de la música nacionalista y contienen fórmulas preflamencas. Entre aquellos temas se cuentan las seguidillas, el fandango, el polo, la tirana, el jaleo, las peteneras o la celebérrima cachucha, con la que Fanny Eisler triunfó en París, en 1836. Estos bailes eran un aire fresco, procedente del pueblo, que contrastaba con los ecos cortesanos del viejo régimen que se resistía a desaparecer. Hemos pintado aquellas divergencias incorporando algunas danzas barrocas que sobrevivieron en los salones palaciegos al colapso de su ecosistema, como el minueto, la zarabanda o el rigodón.
Para completar el paisaje musical, recurrimos a los toques de ordenanza y a los cantos políticos que evocan las guerras y luchas desencadenadas por las veleidades de nuestros monarcas y gobernantes. En este tapiz sonoro se entremezclan la marcha real con el himno dedicado al mariscal Rafael del Riego, El Lairón o El Trágala. La interpretación de esta última canción, en un acto celebrado en el Teatro del Príncipe (hoy Teatro Español), el 3 de septiembre de 1820, desencadenó una batería actuaciones contra los liberales.
Hemos recopilado músicas bien conocidas a lo largo del siglo XIX con temas, entre otros, de Félix Máximo López (1742–1821), Blas de Laserna (1751–1816), Manuel García (1775–1832), José Nono (1776–1845), José Melchor Gomis (1791–1836), Antonio de la Cruz (1825–1889), Álvaro Milpager (1849–1889) o Ruperto Chapí (1851–1909), así como aires populares recogidos por Isidoro Hernández (1847–1888) y Federico Olmeda (1865–1909). Las letras cantadas son, en casi todos los casos, adaptaciones de coplas populares, adecuadas a la dramaturgia propuesta por Ana Zamora para esta coproducción del Teatro Español y la Nao d’amores.
Seguro que don Ramón María, nacido en 1866, reconocería estas melodías. Para el público de hoy, resuenan con cierta familiaridad en la memoria colectiva. Este retablo valleinclanesco tiene una vocación pedagógica y política. Hereda el gusto por aquellos espejos de príncipes que advertían contra los peligros del poder y la corrupción. Bajo esta rúbrica, hemos aliñado un popurrí musical que aspira a despertar sueños, dudas e inquietudes, a agitar corazones y conciencias. Quiere ser la imagen sonora de una realidad contradictoria y grotesca, pasada y presente. El teatro pone el mundo en solfa y la vida es un fandango, así que ¡a cantar y a bailar!
Víctor Pliego de Andrés

SINOPSIS
Un pícaro llega a la corte de Isabel II, con la intención de chantajear a la reina con unas cartas subidas de tono, firmadas por ella, que revelan su conducta licenciosa. El rey, al enterarse, busca obtener su propio beneficio de la situación, desencadenando intrigas en palacio. Las distintas camarillas de la corte se enfrentan en un ambiente de corrupción y doble moral, pero finalmente aceptan el chantaje y se unen para ocultar sus miserias.

EL AUTOR: RAMÓN MARÍA DEL VALLE- INCLÁN.
Entre todos los escritores de la generación del 98, Ramón del Valle- Inclán destaca por la extraordinaria altura de su creación artística. Comenzó siendo un fervoroso adalid del modernismo, con la máxima aportación de la literatura en español a esa corriente: las cuatro Sonatas. Hombre de teatro se replanteó, con viveza y valentía, la renovación de la escena (La marquesa Rosalinda, Farsa y licencia de la reina castiza, la trilogía de las Comedias bárbaras, Divinas palabras, etc). Gran novelista ya desde su juventud (las citadas Sonatas, la trilogía de La guerra carlista), dedicó formidables esfuerzos a la transformación de la lengua narrativa, incorporando a su discurso literario las innumerables variable léxicas del español americano (Tirano Banderas, considerada la mayor creación novelesca del siglo en nuestra lengua). Anheló novelar la compleja y apasionante historia de los finales del reinado de Isabel II (El ruedo ibérico), empresa que desgraciadamente interrumpió la muerte del escritor.
Dentro de su trayectoria literaria, sobresale la invención del esperpento. Manifestación teatral dialogada, del desgarro expresivo, de la voz del hampa y de la marginación, el esperpento, más grito patético que sosegada meditación, está puesto al servicio de una implacable revisión crítica de la sociedad española, de sus defectos, sus creencias y sus actitudes artísticas, políticas, etc. Eso son Luces de bohemia, Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán (agrupados los tres últimos bajo el título Martes de Carnaval), trozos de la realidad próxima que nos unen al mejor Quevedo y, en general, a la aguda mirada de los clásicos.
Setenta años de vida fructífera, dedicada con exclusivo empeño a la literatura. Mezcla extraña y atrayente de gran señor decimonónico y de intelectual de avanzadilla, vivió en libro, literariamente, personaje central de su propia aventura, en la que no faltaron ribetes de llamativa resonancia. Hombre de teatro, actor, crítico acerado y mordaz, autor de un teatro que se convierte en vanguardia demoledora…. pero es que incluso en toda su obra en prosa la teatralización es característica inherente y capital. El teatro está en lo más hondo de la sensibilidad literaria de nuestro autor.
Con el transcurso del tiempo, la obra de Ramón del Valle- Inclán se ha ido agigantando hasta adquirir las dimensiones de un fenómeno irrepetible en las letras hispánicas, siendo ya un clásico.
Alonso Zamora Vicente (1)
(1) Este texto es un extracto de la Introducción general a la Biblioteca Valle- Inclán. Círculo de Lectores, Barcelona, 1990.

Texto Versión y dirección Intérpretes Voz y palabra Dirección musical Vestuario Espacio escénico y trabajo de objetos Iluminación Coreografía Ayte. de dirección Ayte. de dirección musical | Ayte. de escenografía y vestuario Realización de escenografía Realización de Vestuario Diseño y realización de sombreros Diseño y realización del suelo Relaciones públicas Nao d´amores Coordinación técnica Nao d’amores Distribución Producción Nao d’amores Producción Duración: 60 minutos |
A la memoria de Luis Martín

Una producción del Teatro Español y Nao d´amores

Teatro Español
del 30 de junio al 26 de julio de 2026
ABIERTA CONTRATACIÓN
GIRA A PATIR DE AGOSTO DE 2026
Distribución
Susana Rubio - susana@nuevosplanes.com
Nao d´amores - produccion@naodamores.com










